| Abu Bakr Muhammad b. Zakariyya al-Razi fue un médico árabe de origen persa que en un centenar de tratados describió por primera vez enfermedades como la viruela, el sarampión y la escarlatina. Su obra fundamental, al-Hawi, es una de las más grandes enciclopedias médicas, y se le conoció como el "Galeno Árabe" y el "Médico de los Musulmanes". La medicina islámica, heredera de las ciencias médicas griegas e hindúes, evolucionó considerablemente con los médicos árabes que estudiaron los animales y las plantas desde el punto de vista filosófico, fundamentalmente según los planteamientos de Aristóteles: El universo está dividido en dos partes, los cielos y el mundo de los cambios o región sublunar. Esta región está compuesta a su vez por cuatro elementos o principios: fuego, aire, agua y tierra. Los cuatro elementos naturales eran pretendidamente conocidos, antes de la civilización griega, por los hindúes, los egipcios y los chinos. Cada elemento se representaba por un color: el blanco para el aire, el azul para el agua, el púrpura para la tierra y el carmesí para el fuego. El temperamento del hombre fue estudiado en relación con los humores corporales (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla), y por consiguiente, con sus correspondientes naturalezas: sequedad-calor, humedad-frio. La relación de los temperamentos y los humores corporales va a ser, en muchos aspectos, la base de la interpretación de los tratados médicos árabes, sobre todo a la hora de abordar temas relacionados con el estado anímico de las personas, es decir, de tratar enfermedades espirituales, donde se incluía la enfermedad del amor. Conviene saber también que algunos autores árabes como al-Qazwini, autor de Aya'ib al-majluqat (Las maravillas de las criaturas), clasifican los animales según su alma: poder de movimiento, poder de comprensión, poder de deseo, poder de lujuria, poder de cólera... Para al-Qazwini, el hombre ocupa el primer lugar en la lista de los animales, formada por siete clases. El hombre, según este autor: "posee un alma racional cuyo cuerpo es un modelo en miniatura del universo, un microcosmos, cada pare del cual tiene un significado y un propósito espiritual. Por ejemplo, se mantiene erecto a causa de la perfección de la figura esférica." Por su parte al-Razi, en su libro al-Tibb al-ruhani (La medicina espiritual) dedica un capítulo al tema del amor-pasión. Se trata del capítulo V que comienza así: "Los hombres ilustres de gran voluntad y elevado espíritu, por su naturaleza e instinto, se alejan de esta desgracia porque no hay cosa más cruel para ellos que la humillación, la sumisión, rebajarse, demostrar necesidad y soportar la incriminación y la espera. CUando ellos piensan en todo esto que acompaña a los enamorados, escapan del amor, aguantan y lo separan de ellos cuando les afecta. Son así también los que se ocupan de tareas importantes, mundanas o religiosas." Vemos pues, que al-Razi, como muchos de sus contemporáneos, descalifican el amor-pasión, considerándolo como una desdicha. Enamorarse, para él, sólo puede ser la suerte de los afeminados y semihombres que no tienen ninguna ocupación, que siguen sus instintos sin importarles más que satisfacerlos. Dice así: "Los hombres afeminados, galantes ociosos, adinerados y sometidos a sus pasiones, sólo les importa esto y no quieren obtener de la vida más que satisfacerse. Ven en el abandono de sus deseos una pérdida y una pena, y en los deseos difíciles de satisfacer, tristeza y angustia. No son capaces de escapar de esta desgracia, sobre todo si oyen muchas historias de enamorados, leen poesía de amor y escuchan música y canciones tristes." A continuación habla de su concepto sobre el placer o goce, al que define como la vuelta al estado natural de las cosas que han sido alteradas por alguna circunstancia ajena, diciendo: "El placer no es más que devolver a su estado anterior aquello que ha sido sacado de su naturaleza por algún factor ajeno. Es como si un hombre estuviera en algún lugar sombrío y verde, y fuese a caminar bajo un sol de verano hasta que le afecte el calor y vuelva al sitio de que salió. Éste seguirá sintiendo el placer de aquel lugar hasta que su cuerpo vuelva a su estado natural. La intensidad del placer vendrá dada por el grado de calor que le afecte y la rapidez del lugar en enfriarlo. Así definieron los filósofos de la naturaleza el placer, puesto que esto no es, según ellos, más que la vuelta al estado natural." Esta salida del estado natural, piensa al-Razi, se hace lentamente, la vuelta a él, en cambio, se hace de forma más rápida, y cuanto más rápida es la vuelta más placer se siente. Sobre este aspecto nos pone un ejemplo con la comida y la bebida, diciendo que cuanta más hambre y sed se tiene más placer se siente al satisfacer estas necesidades, hasta que vuelve el hambriento y el sediento a su primer estado. Y cuando está en su estado natural, no hay tortura más cruel que obligarle a comer o a beber, después de haber sido éstos los mayores placeres. Por todo esto vemos que al-Razi defiende una idea: al placer es algo ajeno y no natural, porque este elemento (placer) no existe en la naturaleza de las cosas, o dicho de otra forma, en el estado natural de las cosas. Piensa también que la mayoría de las personas que se inclinan a los placeres e intentan satisfacer sus deseos no conocen sino la segunda parte del proceso anteriormente explicado, es decir, la vuelta al estado natural. Por eso les agrada el placer y los desean en cualquier caso, son saber que es imposible de realizar sin la primera parte del proceso. En su opinión, los enamorados no desean otra cosa que no sea el placer y no conciben la vida sin satisfacerlo, están fuera de lugar. Ellos piensan únicamente en el deseo, sin considerar las dificultades ni la peligrosidad de su camino, que a veces conduce a mortales abismos. Son personas que no pueden dominar sus sentimientos y por ende, peor que los animales, porque el deseo sexual es la peor y más fea de las inclinaciones que posee el alma racional, que es el hombre. Sin embargo, los enamorados añaden deseo al deseo y unen placer con placer, sometiéndose al amor y a la humillación. En cambio, las bestias nunca llegan a este límite, porque no se someten a los impulsos del deseo más allá de la necesidad natural. Los enamorados sometidos al amor, deseosos de placer, no son conscientes, según nuestro autor, de su desgracia, puesto que ellos gozan de algo que en realidad es un padecimiento y están alegres cuando en realidad deberían estar tristes, porque no alcanzan sus deseos más que con gran esfuerzo y preocupación. Muchos de ellos, por su permanente desvelo e inapetencia, llegan a la locura, adelgazan y en algunas ocasiones, acaban en la muerte. Sobre los remedios del amor, al-Razi piensa que como la separación de los enamorados es algo inevitable, por la muerte (ley vital), sería mas oportuno adelantarla de forma voluntaria, pues es cosa fácil deshacerse del amor antes de que se fortalezca, pero difícil escapar de sus garras cuando el ser amado no ama. También es fácil acabarcon él cuando la duración del enamoramiento es breve. Es preciso hacer del juicio un árbitro para evitar que el alma se enamore. A este propósito, nos da cuenta del siguiente diálogo de Platón con un discípulo suyo: Platón -¿Tienes alguna
duda de que la separación de tu amada llegará algún
día? Desde aquel momento el discípulo no dejó de asistir a las clases del maestro y no se lo volvió a notar ningún signo de enamoramiento ni de tristeza. En ocasiones al-Razi ataca a los poetas, pues los considera responsables de la divulgación del amor-pasión: "Algunas personas necias, que se hacen llamar literatos, llevan la contraria a los filósofos con palabras insípidas, afirmando que el amor lama a la limpieza, a la elocuencia y a embellecerse. Pretenden todo esto con sus palabras, componiendo versos amorosos a este propósito y tomando como ejemplo de enamorados a poetas, nobles, autoridades e incluso profetas. Nosotros decimos que la sutileza y la sensibilidad de la mente ayudan y enseñan a las personas a superar las circunstancias difíciles, y esto sólo pueden encontrarlo en los filósofos. En cambio, se enamoran los groseros árabes, kurdos, extranjeros y nabateos. Observamos que no hay nación más inteligente y sutil que la griega, y por eso el fenómeno del amor, en general, es menor entre ellos que entre los naturales de otras naciones" Prosigue el autor, en su ataque a los poetas y literatos, diciendo que los partidarios del amor basan sus argumentos en la abundancia de poetas, letrados, nobles y autoridades enamorados, alegando que la nobleza, la poesía, la elocuencia y lo sutil son signos de buen juicio. Esta gente, por su ignorancia y necedad, piensa que la ciencia y la sabiduría está en la gramática, en la elocuencia y en la retórica. Nosa ben que los sabios no consideran a ninguna de estas disciplinas dentro de la sabiduría, no quien las domina es tenido por sabio, porque el sabio para ellos es el que conoce las condiciones y las leyes de las ciencias matemáticas, de las ciencias naturales y de la teología. A quienes defienden el amor, argumentando que algunos profetas estuvieron enamorados, les dice al-Razi: "Nadie puede considerar el enamoramiento como una hazaña de profetas, ni al menos una virtud. Tampoco era algo que les satisficiera o agradara. Simplemente era una falta y un error. A cuantos afirman que el amor llama a la limpieza, la elocuencia y la belleza las preguntaremos: ¿que se puede hacer con la belleza del cuerpo si está acompañada de la fealdad del alma? ¿Acaso necesitan de la belleza corporal los que no son mujeres u hombres afeminados?" Otro punto que le preocupa a nuestro autor, relacionado con el tema del amor, es el coito. Para al-Razi, el exceso en su práctica es uno de los aspectos negativos a los que lleva el amor. La persona afectada sufrirá todo tipo de enfermedades y desgracias, porque según él debilita la vista, destruye el cuerpo y acelera la vejez, perjudica el cerebro y a los nervios, y reduce el vigor. Tiene consecuencias muy negativas, como la mayoría de los deseos, pero mucho más graves que cualquiera de ellos. Es exceso dilata los conductos seminales y lleva mucha sangre al órgano, aumentando el deseo. Lo contrario, es decir, practicar poco el coito mantiene en el cuerpo la humedad original propia de los órganos, y así se alarga el período de desarrollo, se retrasa la vejez, la sequedad y la esterilidad, contrae los conductos seminales, hace que llegue menos sangre al órgano, porl o que se produce menos semen, disminuye el tamaño del órgano y decae el deseo. Por todo ello, según al-Razi, las personas prudentes y juiciosas deberían evitarlo para no arrostrar tan penosas consecuencias. El deseo amoroso es considerado por al-Razi como el peor de los deseos, porque no es necesario para vivir, como lo son comer y beber. Tampoco causa dolor cuando se deja insatisfecho, al contrario de lo que sucede con la comida y la bebida. En cuanto al coito, por ser un mal necesario, aconseja al-Razi practicarlo lo menos posible. Indice |