Amor, Locura Muerte.
Las dos caras del amor en la tradición árabe.

Por Waleed Saleh Alkhalifa
El amor: una concepción para cada época

    A lo largo de la historia de la humanidad se han acuñado diversos conceptos para el sentimiento conocido con el nombre de amor. Los hombres han ido descubriendo y conociendo los distintos aspectos del amor y sus variadas facetas. Este conocimiento ha permitido posteriores interpretaciones y múltiples clasificaciones.

    Desde el comienzo, la interpretación de los distintos tipos de amor ha dependido de la tendencia filosófica imperante en cada época, según la concepción que de él tuvieron las diferentes civilizaciones.

    En la antigua Grecia se conoció una clase de amor llamada Eros, identificado con el amor carnal.

    “la diversa personalidad de Eros ha evolucionado mucho, dentro de la mitología griega, desde el período arcaico hasta la época alejandrina y romana. Personifica, en general, el deseo de amar. Representante masculino del amor, acompaña de continuo a Afrodita (Venus). Para otros, simboliza también el deseo sin finalidad(platonismo, druidismo, etc.). Eros produce o inspira la invisible y a menudo inexplicable simpatía entre los seres, su poder se extiende incluso más allá de la naturaleza viviente y animada: aproxima, mezcla, une, multiplica y varía las especies vivientes como símbolo de amor, de unión, de afinidad universal (…). El tipo de Eros se ha modificado, con el tiempo, en las artes plásticas. En general, se le ha representado como un niño –próximo ya a la pubertad -, con los ojos vendados, llevando por atributos un arco y un carcaj de oro con flechas…”

   El culto a Eros y a Dionisio, dios de la viña, acabó siendo uno, lo cual desembocó en la asociación de Eros con la libido. De ahí que la palabra Eros adquiriera una connotación sexual, viniendo a significar pasión amorosa y carnal agudas.

   Pero Platón interpreta esta pasión (Eros) desde un punto de vista filosófico, llevándolo al terreno espiritual. En cambio, Sócrates dice que este amor no es más que la expresión de una nostalgia o deseo de algo de lo que carece el ser humano, y como el deseo es una necesidad, el Eros sería la búsqueda o el intento de poseer lo bello, añadiendo que el amor ocupa un lugar intermedio entre los dioses y los humanos, que no es eterno ni mortal, ni sabio ni ignorante, ni bello ni feo.

   Los dioses, según Platón, no necesitan el amor del ser humano, porque ellos son perfectos, felices, y no carecen de nada ni tienen deseos. Este concepto del amor evoluciona y adquiere una dimensión espiritual, empieza a verse como una pasión fuerte que aniquila al enamorado para fundirlo con el Poder Absoluto, o sea, con Dios.

   Otra de las manifestaciones de este amor es el amor romántico y puro acompañado por el dolor, la desesperación y la tristeza. Los enamorados saben que su pasión está prohibida, que ni siquiera con el matrimonio pueden consumarla, así que asumen la frustración de sus sentimientos y son conscientes de que no pueden escapar a se trágico destino.

   Estos enamorados expresaban su pasión cortejando a sus amadas, cuyos favores nunca se cansaban de solicitar. La respuesta era un constante rechazo, y, como la esposa en la sociedad feudal no era más que un objeto, los hombres añoraban el amor de la mujer eterna que no existía fuera de su imaginación. La poesía trovadoresca es una clara manifestación de estos sentimientos tan habituales en Occidente durante el Medioevo. Occidente también llega a conocer el “amor cortés”, que se desarrolla fundamentalmente en la lírica trovadoresca. En algunos casos fue un amor inventado, inexistente, que satisfacía una necesidad literaria y utópica.

   En una nota sobre el amor cortés dice José Ortega y Gasset:

    “En este amor cortés es esencial la distancia. Es amor visual o de nostalgia, distancia en el espacio y en el tiempo. Es un amor en que todo lo pone el amante y vive se su poder entusiasta. Ni siquiera necesita conocer a la amada: su química , un poco cerebral, explota con sólo oír la alabanza de una dama…”.

   Los escritos de los santos cristianos están claramente influenciados por esta poesía trovadoresca, pero ellos llevan el sentimiento amoroso mucho más allá, relacionándolo con la muerte, tomando una postura radical contra el amor y rechazando su existencia dentro de la relación matrimonial.

   Esta interpretación del amor evoluciona en los siglos XI y XII con las aportaciones de Avicena y Constantino el Africano. Esta último, nacido en Túnez en el año 1010 d.C., se convirtió al cristianismo y tuvo que escapar a Italia donde murió como monje en la ciudad de Cassino en 1087, habiendo contribuido a la introducción de la medicina árabe en Occidente, mediante la traducción al latín de obras de médicos árabes.

    Según José Luis Canet, estos autores arrojaron luz sobre el proceso cerebral que se da en la enfermedad del amor:

    “A partir de estos momentos, esa melancolía se denominará hereos, como la definía Constantino, caracterizándose por una disfunción cerebral que nace de un deseo desordenado o excesivo. Abulcasis en su Bademecum, viendo que se puede enfermar tanto por el deseo de una persona del sexo opuesto como por un objeto, divide la enfermedad del amor en dos clases: una ocasionada por la necesidad del organismo humano de expeler los humores –a la que denomina amor hereos- y otra causada por una afección del alma, que surge cuando se desea ardientemente un objeto”.

    Posteriormente el amor como enfermedad es llevado al ámbito de la ficción, y así distintos autores occidentales escriben obras que giran en torno a este punto: Bocaccio (1313-1375) en Fiammetta, Diego de San Pedro (s. XIV) en Cárcel de amor y Tratado de amores de Armalte y Lucenda, y Juan de Flores (s. XV) en Grimalte y Gradissa y la Historia de Grisel y Mirabella, por ejemplo.

    Aparte de Eros, amor-pasión y sentimiento unilateral, los antiguos distinguían otro tipo de amor llamado Agapé, consistente en una relación sentimental correspondida que coincide con el amor cristiano en la prohibición de la pasión amorosa, ya que la considera como una manifestación egoísta , desbordada, descontrolada y fundada en la filosofía de la felicidad propia. El Agapé es el amor altruista y de sacrificio, basado en el razonamiento, la prudencia, la estabilidad sentimental y la mutua fidelidad, por la que será Dios , y no la amada, el núcleo y el eje de este amor.

   De este amor se deriva el practicado por santos y sufíes, quienes dedican su sentimiento amoroso únicamente a Dios, que es el fin, porque Dios es el único que representa la idea del Bien. Amar a los demás es el medio para elevarse hasta el Dios Creador.

    La tercera clase de amor para los griegos antiguos era la Philia o sentimiento de amistad: un sentimiento compartido y basado en la igualdad, el amor humano puro que une a dos seres libres.

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