Amor, Locura Muerte.
Las dos caras del amor en la tradición árabe.

Por Waleed Saleh Alkhalifa
Ibn `Arabí

   Nacido en Murcia en 1155 y muerto en Damasco en 1240, Ibn `Araí es uno de los grandes poetas sufíes y un filósofo excepcional. Escribió toda su obra insistiendo en una idea fundamental: LA UNIDAD DE LA EXISTENCIA, idea que, aunque no es un hallazgo suyo ya que fue previamente expuesta por otros sufíes, Ibn ´Arabí la adopta y la analiza detalladamente, dándole un contenido nuevo e intentando llegar a la unión entre el Poder Absoluto (Dios) y el mundo.

Esta idea fue tratada anteriormente con gran recelo, y fueron muchos los sufíes que no la aceptaron hasta que apareció el místico murciano, quien la defendió con ardor, de modo que en adelante ha quedado asociada a su nombre.

La relación de la divinidad con el mundo, según este concepto, no es más que las dos caras de una misma moneda, porque

“la Existencia, incluida la del ser humano, es una forma de la Existencia de Dios, es decir, que no hay dos Existencias, la de Dios y la del mundo, sino una sola que es la Existencia de Dios y su realidad, y el resto no son más que reflejos del Mismo” (Muruwwa 1985: II, 277)

Por con siguiente, el amor en todas sus variedades lleva de un modo u otro al amor divino, aunque nuestro autor, Ibn ´Arabi, distingue de forma muy clara varios tipos de amor: el amor germinativo, seminal u original (hubb), cuya pureza penetra en el corazón; el afectivo o cariño fiel (wudd), y la espiración del amor (`isq), o locura de amor, amor infinito o colmo de amor. (Ibn ´Arabi 1988: 23)

El amor locura o amor infinito es lo que nos ocupa en este trabajo. En su “Tratado de amor”, extraído de las al-Futuhat al-makkiyya (“Conquistas de La Meca”), el autor nos explica sus síntomas, diciendo:
“sientes un afecto intenso (`isq), una pasión penetrante (hawá), un deseo ardiente (sawq), un poder del amor (garam), un agotamiento total (nuhul), una imposibilidad de conciliar el sueño y de saborear la comida. No sabes en quién ni por quién ocurre. Tu amado no se muestra a ti de una manera clara. Ésta es la gracia más deleitable que yo haya sentido por experiencia propia”. (Ibn ´Arabi 1988: 29)

Aparentemente está hablando del amor divino, pero en realidad puede tratarse de un amor humano que en otro pasaje denomina amor del amor (hubb al-hubb), que consiste, según él, en preocuparse por el amor hasta el punto de olvidarse de la persona amada. Y nos pone un ejemplo sacado de la historia de la literatura árabe:
“Se ofrece Líala al poeta Qays, que la llamaba a gritos: “¡Líala, Líala!”. Él tomó hielo, se lo puso en su corazón ardiente y se derritió. Líala al verlo en ese estado, lo saludó diciendo “¡Yo soy la que reclamas, yo soy la que deseas, yo soy tu amada, yo soy el reposo de tu ser, soy Líala!”. Pero Qays, volviéndose hacia ella exclamó: “¡Márchate de mi presencia, pues el amor que siento me solicita tanto que no te puedo atender!” “. (Ibn ´Arabi 1988: 32)
“El amor desbordado (´Isq), según Ibn `Aarabi, tiene la virtud de invadir por entero al hombre y obedecerle, hasta el punto de no ver otra cosa que no sea su amado. La realidad de este amor penetra hasta el más íntimo elemento de su cuerpo, de sus facultades y de su espíritu. Circula por todo su ser como la sangre por las venas y su piel. Impregna todas las articulaciones de su cuerpo y de su espíritu, hasta el punto de que nada que se refiera a otro puede subsistir en él. Habla únicamente por amor a él, sólo lo oye a él. Lo ve en todas las formas y no ve cosa alguna sin exclamar: “¡Es Él”. (Ibn ´Arabi 1988: 88)

Este amor es una enfermedad para Ibn Árabi, como lo ha sido para otros filósofos y médicos árabes anteriores. En su análisis sobre el origen de esta enfermedad (amor), piensa que la causa fundamental es también el desequilibrio de los humores:
“Los amantes son plenamente conscientes de que los humores que segregan sus cuerpos producen unos vapores que suben al cerebro y embotan y obnubilar sus sentidos. El sueño se apodera de ellos de tal modo que les impide mantenerse ante el amado en estado de vigilia y llevan a cabo el íntimo diálogo, con su sola presencia, con su sola presencia, en su retiro solitario”. (Ibn,´Arabi 1988: 104)

Los síntomas del amor, según Ibn ´Arabi, se manifiestan en que los afectados se sienten desamparados y son incapaces de tomar decisiones, sienten nostalgia, sorpresa, estupefacción, perplejidad, celos; sufren mutismo, enfermedad, emoción, inmovilidad, llanto, pena, insomnio y todo lo que cantaron los amantes en sus poemas.

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