Amor, Locura Muerte.
Las dos caras del amor en la tradición árabe.
Por Waleed Saleh Alkhalifa
Ibn Sina (Avicena)

   Conocidísimo filósofo y médico árabe (980-1037), estudió a Platón y Aristóteles y experimentó tendencias sufíes muy profundas que reflejó en su libro "al-Hikma al-masriquiyya" (La sabiduría oriental). Entre sus obras destaca "al-Qanun fi l-tibb" (El Canon de la midicina", "al-Sifa" (La curación", al-Nayat" (La salvación)...

    En el tercer tomo del Canon, ensayo IV del primer arte, Ibn Sina aborda una serie de enfermedades como, por ejemplo, la confusión y el delirio, la estupidez y la idiotez, la pérdida de memoria, el trastorno de la imaginación, la manía y la rabia, trastornos mentales, melancolía, mareo, etc., entre las que menciona el amor-pasión, considerándolo, pues, como una enfermedad más cuyos síntomas y remedios para su curación expone:

    "Esta es una enfermedad delirante, parecida a la melancolía, con la que el hombre carga voluntariamente, quedando su mente ofuscada por alguna imagen o algunas cualidades, ayudado por su deseo o a veces, sin su ayuda. SUs síntomas son: el hundimiento de los ojos y su sequedad, la falta de lágrimas salvo a la hora de llorar y el movimiento constante de los párpados. La persona afectada sonríe como si estuviera contemplando algo delicioso o escuchado una noticia alegre o una broma. Su respiración se interrumpe con frecuencia, aumentan los suspiros, su estado cambia de la alegría y la risa a la tristeza y el llanto cuando oye hablar sobre el amor, sobre todo cuando se trata de la separación y el abandono. Todos sus miembros están marchitos, excepto los ojos que, a pesar de su hundimiento, tienen grandes párpados (...) Sus cualidades no siguen ningún orden, y el latido de su corazón es variable y parecido al latido de los corazones de las personas preocupadas. Tanto el ritmo de su corazón como su estado anímico se alteran cuando se menciona al ser amado y especialmente si se encuentra inesperadamente con él. De esta manera puede descubrirse la identidad del amado, cuando el enamorado no está dispuesto a ello, porque conociendo esta identidad se cuenta con un medio para intentar su curación El truco que se utiliza para esto es mencionar muchos nombres, repitiéndolos una y otra vez, al tiempo que se le toma el pulso. Si éste varía de forma notoria, llegando caso a interrumpirse, puede saberse el nombre del amado. Este proceso se repite varias veces. Se mencionan también caminos, moradas, profesiones, oficios, apellidos y países, y cada unos de ellos se añade al nombre del amado, tomándole el pulso hasta que empiece a variar, y con todo esto su puede llegar a conocer las características del amado: su nombre, su apellido, su oficio... Conocer al amado, sabemos por experiencia, ayuda a curar al enamorado, uniéndolos de la forma que admite la religión y la jurisprudencia. y así, hemos visto a algunos enamorados que recuperaron la fuerza y sanaron después de haberse debilitado sufriendo enfermedades penosas y crónicas, con largos períodos de fiebre producidos por el decaimiento al estar intensamente enamorados. Sin embargo, después de rechazar al amado y en un corte período de tiempo, volvieron a su estado natural, cosa que es digna de asombro...

    En cuanto a la curación, hay que observar si el estado del enamorado ha causado la quema de algún humor, ya que se verá reflejado a través de los síntomas ya conocidos, procediéndose entonces con el enfermo del modo siguiente: se le humidificará y adormecerá, y se le darán los mejores alimentos (...), se implicará a los enamorados en riñas, ocupaciones y querellas, en definitiva, en asuntos que les entretengan, pues esto les puede hacer olvidar el amor. También, mediante artimañas, hay que tratar de que se enamore de otra persona, dentro de lo que permite la jurisprudencia, y así su pensamiento se centrará en un segundo individuo, pero siempre antes de que se fortalezca el nuevo amor. Si el enamorado es sujeto juicioso, hay que aconsejarle, burlarse de él, hacerle comprender que lo que padece no es no es mas que un delirio y un tipo de locura; todo esto, quizá, le sea útil para recuperar el juicio. Asimismo se le deben enviar mujeres viejas para hacerle odiar al ser amado, mencionando aspectos desagradables del mismo, contándole historias que le puedan desviar del amor, enumerándole casos de abandono, todo lo cual puede calmarle considerablemente, aunque también puede animar a otros a seguir el camino del amor. Puede ser acertado que las ancianas representen la imagen del ser amado a través de comparaciones feas, haciendo muecas grotescas de sus facciones, tratando de provocar el odio hacia éste. Las viejas deben hacer esto durante mucho tiempo, pues son mucho mas hábiles que los hombres a excepción de los afeminados que, a su vez, poseen artimañas no menos importantes que las de las viejas (...) Otra forma útil es la compra de esclavas para que el enamorado mantenga relaciones sexuales frecuentes con ellas (...) Distraerles con la caza y todo tipo de juegos..." 

   Estos conceptos de Avicena sobre el amor se repiten de una u otra forma en muchos tratados médicos posteriores, tanto en Oriente como en Occidente. Sabemos que el Canon fue traducido al latín, y muchos autores tuvieron acceso a su contenido. Dice la Profesora Luce López Baralt:

    "Fue precisamente Gerardo de Cremona, uno de los más célebres traductores de la época, el encargado de la ingente labor de verter al latín el Canon, tarea que lleva a cabo en el siglo XII. Soheil M. Afnar nos indica que el éxito de la versión fue tal que en los últimos treinta años del siglo XV se edita dieciséis veces, y en el siglo XVI ve la luz en mas de una veintena de ocasiones."

    En realidad, la filosofía de Avicena sobre el amor está mucho mejor definida en su "Risala fi l-'sq" (Tratado sobre el amor). Según algunos investigadores, nuestro filósofo asigna al amor humano, el sexual, un papel positivo que contribuye al ascenso del alma al amor divino y a la unión con lo divino.

    En este tratado, Avicena atribuye al alma inferior un papel asociado al alma racional, según el cual el amor a la belleza externa, el amor sexual, servirá de ayuda a la aproximación a lo divino. Así, el alma inferior gana en excelencia y nobleza a través de su alianza con la Facultad Superior. En todo este análisis, Avicena aplica su doctrina general del alma y sus partes integrantes a un problema o fenómeno especial, intentando encontrarle un lugar dentro de su sistema.

    Gustav von Grunebaum cree que Avicena, a lo largo de su tratado, funciona con conceptos mas asentados en otros trabajos suyos presumiblemente anteriores. En su teoría divide el alma en partes y trata de armonizar su idea con el problema amor.

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