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Acuden a clases con especialistas que les enseñan
a conocer y manejar su cuerpo Fabiana Pompín es una de las profesoras que satisface el interés creciente por las danzas orientales. Esta brasileña llegó a A Coruña hace tres años para doctorarse en Educación Física, pero en la maleta se trajo también su interés por estos bailes. «Es increíble el cambio en estos tres años. Cuando yo llegué la gente era recelosa. En Brasil, a pesar de que está mucho más lejos del origen, estos bailes están más difundidos». Hoy Fabiana enseña a un centenar de coruñesas en cinco academias de la ciudad. «La danza del vientre ?explica? te enseña a relacionarte con tu cuerpo, con todo tu cuerpo. Además, mejora los aspectos socio afectivos; cuanto más segura de sí misma está una mujer, mayor capacidad tiene para bailar». Aunque como para todo, hay bailarinas más dotadas que otras: «Las personas extravertidas tienen más posibilidades; con las tímidas cuesta un poquito más. En realidad hay que ser un poco sinvergüenza para disfrutar. Y una cosa: la danza del vientre queda más bonita cuando la chica tiene algo de michelín, con barriguita queda mejor». ¿Entraña dificultad imitar a maestras como Samia Gamal, toda una institución en Egipto? «En la primera clase advierto que no va a ser fácil. Sobre todo porque trabajas partes del cuerpo que no trabajas normalmente». El esfuerzo parece merecer la pena, a juzgar por la algarabía con la que las aprendices valoran sus progresos. Una de ellas, Ana Pardo, descubrió la danza del vientre en televisión y el año pasado empezó a aprender en un gimnasio de Ourense. «Me parece muy sensual y muy complicado porque tienes que aprender a mover, por ejemplo la cadera, de forma independiente, coordinada y armoniosa». Una forma de vida Martha Franco, colombiana, dirige el taller Danza Gaira de Santiago y es de las pocas personas en Galicia que ha entregado su vida a la danza oriental. Se topó con ella en Berkeley (California) mientras estudiaba un máster en márketing. «Ahora es mi forma de vida», explica. Desde que en el año 2001 empezó a enseñar a contonearse a mujeres gallegas, la progresión ha sido casi aritmética. «Cada vez hay más mujeres interesadas. Y no sólo jóvenes, como pasaba al principio, que ninguna pasaba de los treinta años». Una muestra de ese interés creciente es el grupo Mahabba, liderado por ella e integrado por alumnas suyas. Martha trabaja incluso con mujeres embarazadas, porque defiende que la danza del vientre ayuda mucho en el pre y posparto. «Te conecta con tu cuerpo. Con esta danza, las embarazadas adquieren consciencia de su pelvis, a veces por vez primera, algo muy interesante en su situación». LOS ORÍGENES Considerada una de las danzas más antiguas del mundo, la Racks Al Shark —también conocida como danza del oriente— surgió en el antiguo Egipto para celebrar el poder del vientre femenino y su papel en la perpetuación de la especie. Hoy es parte de la cultura de casi todos los países árabes, aunque la globalización y la emigración han contribuido a extenderla por medio mundo. Shokry Mohamed, uno de los profesores más reputados de España, explicaba hace un tiempo que «la danza del vientre lleva 30 años en expansión gracias a las mujeres de los diplomáticos y a la emigración árabe». Al éxito de este baile ha contribuido mucho la cantante Shakira, que a los cuatro años ya practicaba la danza del vientre y que en el vídeo La tortura sorprendió con un movimiento centrado en los hombros y el pecho que provoca efectos hipnóticos en quien los observa. Este artículo fue publicado 09/02/2006 en La Voz de Galicia Artículos |