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Danzas Clásicas de la India
Un Arte Milenario
Por Andrea de la Dehesa
Devadasi de profesión
Se dividen en diferentes categorías según por los motivos
por los que habían ingresado en el templo:
- à Dattas: por voluntad propia, sin recibir
retribución especial del templo.
- à Bikritas: se vendían a sí
mismas de por vida como servidoras de un santuario.
- à Bhrityas: se ofrecían a un templo
para cumplir un voto o para atraer prosperidad a sus familias.
- à Bhaktas: dedicadas a la deidad del templo,
por una gran devoción.
- à Hritas: niñas huérfanas
o abandonadas recogidas por alguien que más tarde las ofrecía
al templo.
- à Alankaras: educadas y entrenadas especialmente
por ricos y nobles para ser devadasis.
- à Gopicas: devadasis de casta que heredaban
profesión de sus madres, preparadas desde niñas en canto,
danza y música. Recibían remuneración. El entrenamiento
empezaba entre los 6 y 9 años.
Una de las devadasis principales presenta a la muchacha a las autoridades
del templo, solicitando su admisión con alojamiento y lo necesario
para su mantenimiento. Si se aceptaba, firmaba un documento entre la
administración del templo y la madre de la niña.
En una fecha astrológicamente propicia, se disponía a
la niña en un caballo adornado rodeada de músicos y se
la conducía al templo. Se la depositaba en los pies de la deidad
una bandeja de metal con ofrendas como una rica tela y el tali. La niña
se sentaba frente al altar y el sacerdote colocaba el tali en el cuello
convirtiéndose así en la esposa de la divinidad. Ese mismo
día recibía su primera lección de danza, quedando
iniciada en dicho arte, que dedicaría durante toda su vida. Se
instalaba en una de las viviendas adyacentes al templo.
En general, dada su preparación, las devadasis poseían
una cultura superior a resto de las mujeres, quienes dedicaban la mayor
parte de su vida a los quehaceres domésticos. Muchas se hicieron
famosas por ser grandes poetisas, danzarinas o músicos, recibiendo
premios y regalos. Las devadasis eran respetadas y eran objetos de buena
suerte, se las denominaba también nityasumangalis o eternamente
de buen augurio, porque al ser esposas de un Dios, nunca serían
viudas .
El primer baile en público, frente al altar
de la deidad, era una celebración sumamente importante. Se invitaban
a los sabios nobles, eruditos y artistas, y en algunas ocasiones hasta
el propio rey. La devadasi debutante estaba perfectamente vestida y
sus habilidades se encontraban respaldadas por muchos años de
entrenamiento. En el sur de la India, este debut se denomina Arengetram,
término tamil que significa ascender al escenario por primera
vez.
El vestuario era recatado y se tenía especial
interés por no mostrar ciertas partes del cuerpo. Su seducción
era muy sutil, ya que es más fácil cautivar la imaginación
que la vista. Su indumentaria consistía en una blusa corta, un
pijama que cubría sus piernas hasta los tobillos, sobre lo cual
usaban un sari de seda natural colocado de forma cómoda para
bailar. Los complementos eran: flores trenzadas en sus cabellos y joyas
(pulseras, collares, cinturón, etc.).
En ocasiones el dios es tratado como si estuviese vivo realmente y por
consiguiente hay que entretenerlo. Esta costumbre se encuentra en la
teoría del Archavatara, uno de los cinco aspectos personales
del dios.
De acuerdo con el hinduismo, Dios es uno, pero posee diversos aspectos.
Siendo el concepto de Nirguna Brahman, o Absoluto inmanifestado, la
mayoría de los devotos necesitan un contacto más personal
con Dios. Los vigrahas (ídolos e imágenes) ayudan a concentrarse
en la devoción del Dios. El vigraha no es Dios, sino una representación
simbólica del Ser Supremo. La manifestación de intensa
devoción, adoración, repetición de mantras y ejecución
de rituales, es el Archavatara. Las devadasis participaban activamente
en los quehaceres diarios que comprendían estos aspectos.
La relación de las devadasis con los hombres
es un tema delicado y depende de la época, región, reglas,
etc. Su trato con los sacerdotes era cercano y continuo, siendo las
relaciones amorosas principalmente entre los sacerdotes brahmanes del
templo y las devadasis. También tenían contactos con príncipes
y reyes, y en algunos casos se conoce que fueron tomadas como esposas.
El rey Ravi Kerala Varma, de Venad, se desposó con Unniyacci
Kuttathi, devadasi del templo Kandiyur en Kerala. Pero eran casos aislados.
Normalmente tenían relaciones y si fruto de ellas nacía
una niña, ésta era consagrada al templo, y los varones
eran instruidos en música y danza.
Si por alguna causa las devadasis deseaban cesar sus servicios en el
templo, debía presentarse en la administración y pedir
ser relevada de sus deberes, se quitaba los aros y los depositaba junto
con doce “fanams” o monedas. Aunque los aros eran devueltos
ella no volvía jamás a usarlos.
Cuando una devadasi moría, su cuerpo era cubierto con una tela
y flores que habían sido usadas por la deidad.
Las maharis de Orissa, se dividían en diferentes
categorías según sus funciones. Por ejemplo, las nachunis
eran bailarinas cuyas danzas se realizaban en el Nata Mandir o hall
de la danza, las bhitar gaunis cantaban en el santuario interno, mientras
que las bahar gaunis lo hacían fuera, pero todas gozaban de una
posición respetable. Cuando después de los años
de entrenamiento, la niña había de consumar su matrimonio
con el Dios, en regiones como Orissa, el propio rey adoptaba el derecho
de ser el primer esposo de la mahari, o bien, uno de los sacerdotes
del templo.
Las maharis bailaban en el Nata Mandir o hall de la danza durante la
mañana, frente al Rajaguru, el representante del rey, y los visitantes
y peregrinos que acudían al templo. En este caso, la danza corresponde
al nombre de nritta o técnica pura, acompañada de pakhawaj
(tambor), y de címbalos. En la noche, cuando se celebran los
preparativos de la deidad para dormir, se interpretan pasajes del “Gita
Govinda”.
Un extracto de una orden real de una mahari nos permite conocer algunos
reglamentos del templo de Jagannath, como: prohibido el contacto con
los hombres, comer otra comida que no fuera la del templo o bailar en
ceremonias que no estuvieran dedicados a Jagannath. Debían respetar
las reglas del Natyasastra , ejecutando el baile en determinados ritmos.
Sólo el “Gita Govinda” de Jayadeva, podía
ser interpretado en abhinaya. Dos empleados del tiempo se aseguraban
de que las maharis cumplieran sus deberes, éstos eran : Mina
Nayak, acompañante del templo a su casa; y Sahi Nayak, o jefe
de la calle, que supervisaba su comportamiento.
- En Manipur había otro tipo de costumbres,
los bailarines, los Maibas y Maibis, vestidos de blanco invocaban
a la deidad en sus danzas. Pertenecían a ambos sexos, no heredaban
la profesión, ni formaban una casta especial y podían
casarse si así lo deseaban. Estos bailarines, de los que se
dice que entraban en trance cuando un dios penetraba en ellos, aún
existen, y en el Festival Lai Haroba, en Manipur, conducen las danzas
y participan de los rituales tántricos.
- En Orissa, después de la época en
el que el místico Chaitanya permaneciera en esa región
(1510-1528), bajo el patrocinio de algunos devotos vaishnavas hicieron
su aparición los Gotipuas. Eran jóvenes que bailaban
con ropas de mujer, siguiendo la idea de adorar a Krisna como el único
Purusha . Interpretan los bailes de danza Odissi durante los festivales
religiosos en los patios de los templos (nunca dentro), y difundieron
el estilo de danza Odissi.
- En Tamilnadu, los Bhagavatars son hombres brahmanes
dedicados a la interpretación de dramas danzados en los templos
de Visnu. De forma anual, en la aldea de Melatur, en el templo de
Varadaja Perumal, se celebra un festival en las celebraciones de Narasimha
Jayanti, e interpretan tanto personajes masculinos como femeninos.
Este arte se conoce como Bhagavat Mela.
- En Andhra, los Bhagavatulos, muchachos brahmanes,
interpretan los bailes de estilo Kuchipudi, asumiendo papeles de ambos
sexos. Este es un arte devocional practicado por artistas vaishnavas.
- En Kerala, la danza Kathakali es interpretada por
hombres también. Los temas que se interpretan se basan en temas
épicos, los Puranas y textos religiosos. Se celebraban en los
patios de los templos.
Por todas estas notas sabemos y podemos afirmar que las mujeres realizaban
sus danzas en el interior de los templos mientras los hombres lo hacían
en los patios de los templos o en los lugares adyacentes a éstos.
El sistema de devadasis comenzó a decaer por motivos como:
- Negligencia en mantener las tradiciones.
- Debilitamiento de las reglas que regían su conducta.
- Ausencia de leyes sociales que las protegieran.
- Falta de estímulo y tentación de adquirir riquezas
bailando fuera de los templos, en las cortes reales o en residencias
de nobles.
A comienzos de nuestro siglo el comportamiento promiscuo de algunas
de ellas les desprestigió y atrajo protestas hasta que en los
años treinta por un decreto se prohibió la danza de las
devadasis en los templos, y en 1947 se abolió legalmente en Madras
la profesión de devadasi. Pero la costumbre prosiguió
en ciertos lugares, como en el templo de Jagannath en Puri gracias al
maharajá de ese lugar hasta el año 1955, contando con
treinta maharis a su servicio. Y así fue debilitándose
hasta desaparecer.
El sistema de devadasis ha sido un tema polémico con aspectos
negativos y positivos. Y mejor apoyarse en los positivos y alabando
a esos maestros de danza que hicieron perdurar este arte durante siglos.
Gracias a la independencia de la India como colonia británica
en 1945 obtuvo un renacimiento de las costumbres, influyendo en la recuperación
de ese arte. Así pues hoy en día la danza hindú
es un estudio más del arte, existen escuelas y grandes gurus,
y el recuerdo del arte milenario de las devadasis sigue evolucionando
e integrando nuevas formas más perfectas.
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