Las Escrituras Sagradas
Por Lara Kahalaf

Grecia

     Los dioses son analfabetos. No se preocupan ni de decirlo que son, no de contar sus aventuras, ni de explicar sus relaciones. Viven en una sociedad casi autónoma actúan a su manera: Hades actúa oculto bajo tierra, Pan y las ninfas aparecen por la noche, Asclepios vive en el mundo de los sueños, Dionisio se da a conocer en desconcertantes epifanías. No son necesarias las explicaciones para perpetuar su memoria.

La escritura no es de su incumbencia. Son los hombres los que la han inventado, los que la utilizan, los que hacen de ella una obra, una obra para la memoria. En ellas hablan de los dioses, los clasifican, los distribuyen, a través de ellas los glorifican, los temen o les dan las gracias. Pero se trata siempre de declaraciones humanas, de celebraciones humanas, los logógrafos o mitólogos refieren una historia común y aseguran así la identidad del pueblo griego.

Homero es sin duda el más importante de los mitólogos. Bien es cierto que no se puede decir que la Iliada y la Odisea sean libros sagrados, pero son los más antiguos de toda la literatura griega, sus orígenes se pierden en lo más remoto de los tiempos. Relatan la historia de unos hombres en continua simbiosis con la historia de los dioses, mezclan lo sagrado con lo que hay de cotidiano en las luchas de un pueblo. Son la primera fuente de la mitología de los griegos.
Platón llega a decir que Homero ha sido el educador de Grecia. Sus textos son básicos para los preceptores, sus héroes son el ideal que se les presenta a los niños, sus relatos son el fundamento de la nación. Nicorato hace la siguiente alegación: “Mi padre, queriendo que yo fuera un hombre cabal, me forzó a aprender todo Homero. Y así a, aun hoy soy capaza de decir de memoria la Iliada y la Odisea”.

Pero no se puede ver en esto una forma de catecismo. Si Homero enseñaba una especie de leyenda dorada de los dioses y los héroes, una teogonía, no indica no los deberes de los hombres hacia los dioses, ni los ritos que deberían realizarse en el culto, ni siquiera una moral religiosa. Su objetivo es laico, como laica es la sociedad griega, y su ideal es un ideal caballeresco que comparten también con los dioses.

Entonces, ¡son la Iliada y la Odisea libro sagrados? No, en todo caso en el espíritu griego, a la manera de los griegos y en el marco del racionalismo griego.

Más parecido a un libro santo será la Teogonía de Hesíodo,. Fueron, dice el poeta, las musas, hijas de Zeus, las que le enseñaron “este bello canto” cuando llevaba a pacer a sus ovejas cerca del Helicón divino. Ahora bien no da más que una genealogía de los dioses y no hace más que celebrar la gloria de Zeus Olimpo. Es, en suma, un poema religioso semejante a los Himnos de Píndaro. Grecia no tiene nada comparable al hábeas de textos sagrados, reconocidos como tales por un pueblo, que forman la Biblia. Sin embargo toda su poesía, ya sea época, lírica o gnómica, toda su prosa, ya sea histórica, retórica o filosófica contiene abundantes referencias religiosas.

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