Las Escrituras Sagradas
Por Lara Kahalaf

Shintoismo
Kojiki

    Es un libro para fundar las estructuras del estado y para establecer el origen de la virtud imperial.

En el sigo VIII ya existían en China una cultura literaria bastan importante, sin embargo en Japón no ocurría lo mismo. Había leyendas que se transmitían de generación en generación y de pueblo en pueblo, pero sólo de forma oral, y la mayor parte de las veces estas tradiciones se referían a los clanes que las habían creado y mantenido. No tenían envergadura nacional.

En el año 682 el emperador Temmu decidió remediar esta situación, y encargó a un tal Hieda no Are que aprendiera de memoria los hechos más notables recogidos a través de todo el país, que corrigiera los errores y que fijara la verdad. De hecho le pidió que estableciera la verdad oficial del clan Yamato, el clan del emperador.

Unos 30 años más tarde, termina el encargo con un edicto de la emperatriz Gemmyo que encargaba al letrado o no Yasumaro que copiara, bajo el dictado de Hieda no Are, las “Notas sobre los hechos del pasado”. El trabajo se terminó en cuatro meses y O no Yasumaro presentó el libro llamado Kijiki a la soberana en 712.

El Kijiki es el primer libro escrito en japonés, aunque utiliza la grafía china. Contienen las tradiciones y mitos más antiguos del archipiélago nipón, pero están seleccionados, reformador y corregidos para alcanzar el objetivo que el emperador le había asignado. Desde entonces, la obra intenta probar la legitimidad del derecho divino de la dinastía, e integra en las genealogías a nobles de otros clanes, a título de subordinados.

En los orígenes del mundo había tres divinidades del cielo: Ama no minaka nushi, Takami-musuhi y Kammi-musuhi. Estos tres dioses tienen muchos jijos, entre los cuales hay una pareja demiúrgico, Izanaki e Izanami, que son hermano y hermana y que han creado las islas, las montañas, los ríos y numerosos Kami. Pero al dar a luz al dios del Fuego, Izanami se quema, la mata el recién nacido y tiene que ir al infierno, hace unas abluciones en un rió. Entonces, de su ojo izquierdo nace Amatera su, diosa del Sol, de su ojo derecho Tsuki-yomi, dios de la luna, y de su nariz el violento Suzano, dios del Mar.

Isanami reparte el mundo entre sus tres hijos. Para Amaterasu será el espacio celeste, para Tsuki-yomi el reino de la noche, y para Suzano la planicie marina. Pero, este último rechaza sus posesiones porque quiere ir con su madre al infierno. La lucha por el poder terrestre constituye la principal intriga de la edad e las divinidades.

Ninigi es el nieto de Amaterasu y baja a la tierra para reinar. Entonces se encuentra con la hija pequeña del dios de la Montaña, Konohananosa-Kuyahime, bella como un árbol en flor. Se enamora de ella, la pide en matrimonio y el dios de la Montaña acepta. Pero con la pequeña envía también a su hija mayor, Iwanagahime, semejante a la roca eterna y muy fea. Ninigi no puede soportar su fealdad y la devuelve a su padre. Por esta razón, los emperadores tienen una vida brillante pero breve, como la de las flores. Iwanagahime les habría proporcionado la vida eterna.

El primer libro del Kojiki relata, del mismo modo, numerosos episodios de las diferentes generaciones de dioses que, poco a poco, van tomando posesión del “país de las ocho islas grandes”, el cual se convierte así en el país de los dioses, hasta la llegada del primer emperador “humano” semilegendario, Jimmu-Tenno, que, según la tradición, habría vivido en el siglo IV a. De C.

Las genealogías de los emperadores componen el segundo y tercer libro de Kojiki. Es el tiempo de la historia que asegura una especia de eternidad, por la continuidad ilimitada del linaje dinástico. Ahora bien, todo esto no imipide al autor relatar algunos episodios morales de la vida de los emperadores. Son, en cierto modo, digresiones en el desarrollo general del discurso.

Se cuenta, por ejemplo, cómo el emperador Nintoku recibió el título de emperador sabio. Un día especialmente frío, subió a un alto y vio que no salía el humo de ninguna casa, entonces se dio cuenta de que los habitantes eran demasiado pobres para poder calentar sus casas, y decidió suprimir durante tres años todo tipo de impuesto y todo trabajo forzado.

Estas anécdotas están relatadas en un estilo vivo y alegre. A veces, van acompañadas de baladas populares tomadas, sin duda, del folklore tradicional, de donde se recogió lo esencial de las leyendas que forman la trama de la obra. Además, le dan al conjunto un aire de autenticidad y favorecen su aceptación por parte de la comunidad.

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