Historia del pueblo judío
Por Lara Kahalaf
Aspectos generales de la edad media

La Edad Media es el término que se utiliza para referirse al período de la historia europea que abarca desde el colapso de la civilización romana en el siglo V hasta fines del siglo XV.

Los límites cronológicos en la periodización histórica son artificiales, pero necesarios para delimitar el estudio. Para dividir este extenso período se distingue la alta edad media, entre los siglos V y XII, y la baja edad media, del siglo XIII al XV.

El nombre Edad Media se debe a los eruditos humanistas de los siglos XV y XVI, que se refirieron a esta época como Medium aevo (Medievo), pues se veían a sí mismos como los líderes del renacimiento, exponentes de una nueva mentalidad, de una cultura y de una civilización que desde su punto de vista habían estado en la oscuridad, después del declive de la cultura grecorromana en Occidente. La edad media se entendía como un oscuro período de tránsito.

A inicios del siglo XVII se definió la Edad Media como el período histórico que abarca desde el fin de la antigüedad clásica hasta el renacimiento del siglo XV, y fue un profesor de historia, C. Keller, quien en 1688 publicó una obra en la que utilizaba por vez primera el concepto de Edad Media.

A finales del siglo XVIII, los historiadores europeos, influidos por los nacionalismos emergentes y las ideas del romanticismo, descubrieron que fue en esta época cuando se formaron las naciones, y comenzaron a valorarla de un modo distinto.

La Edad Media está marcada por la emergencia de Europa como unidad sociocultural, el ascenso y posterior declive de una distintiva civilización cristiana y el casi conseguido intento de la Iglesia de funcionar a la manera de un estado mundial, sucediendo así al desaparecido imperio romano.


LA MONARQUÍAS GERMÁNICAS

Las invasiones germánicas pusieron fin al imperio romano de occidente en el siglo V. El limes romano se había convertido en un punto de contacto entre civilizaciones y había dejado de ser una frontera inexpugnable, permitiendo así una simbiosis entre ambos mundos en los períodos de paz. De forma pacífica o violenta, los diferentes pueblos germánicos fueron penetrando en territorio romano empujándose unos a otros hacia el sur.

Todo el Occidente se había dividido en un conjunto de reinos que reconocían de forma nominal la autoridad imperial romana. En el año 476 fue destronado el emperador romano de Occidente Rómulo Augústulo por el jefe del ejército romano Odoacro, que de este modo puso fin a la ficción imperial. A partir de entonces el único emperador residiría en Oriente, en Constantinopla. Este reconocimiento del emperador de Oriente también se convirtió en una mera formalidad, pues los monarcas germánicos actuaban de forma independiente, y la población de ascendencia romana se fue acostumbrando a esta situación.

Cuando estos monarcas acabaron por convertirse al catolicismo, se facilitó la fusión étnica y la población se fue homogeneizando; ello permitió que se unificase la dualidad de legislaciones. En este aspecto, los visigodos instalados en la península Ibérica fueron pioneros, unificando la legislación en el año 654.

RURALIZACIÓN Y FEUDALIZACIÓN

Los monarcas de estos territorios veían su poder frecuentemente coartado, ya que el carácter electivo de la monarquía, la dificultad de diferenciar el patrimonio publico del privado y la privatización de las funciones públicas hacían del rey uno entre iguales y quedaba a merced de las diferentes facciones nobiliarias. Esta privatización se percibe también en las funciones militares: los ejércitos acabaron degenerando en bandas clientelares al servicio de los poderosos, mientras que el rey sólo era uno de ellos.

La ruralización, la privatización de las funciones, la crisis del concepto de estado y la red de relaciones privadas formaron, en definitiva, el núcleo del modelo de sociedad más comúnmente asociado a la idea de la edad media, el sistema socioeconómico conocido como feudalismo.

En Roma, los papas se erigieron en directores morales de este período; Gregorio I Magno y sus sucesores comenzaron una política de alianzas con los distintos territorios europeos, entendimiento que acabaría por originar la poderosa influencia de la Iglesia y la asociación de ésta al poder de los monarcas. En este sentido, la relación con los reyes de Francia y del Sacro imperio fueron fundamentales.

Otra oleada de invasiones posteriores, las de los normandos (hombres del norte) o vikingos, se inició en el siglo VIII, empezando así una era de numerosas alteraciones en todo el territorio europeo, desde las islas Británicas hasta el Mediterráneo, por ser un proceso migratorio de grandes dimensiones. Era el asalto a la Europa cristiana, que también se veía atacada, desde otros frentes, por el Islam y los pueblos eslavos.

Después de esta oleada de invasiones se entró en una etapa de transición hasta el siglo XI, que marca el inicio de la plenitud medieval y durante la cual se inició un importante aumento de la población. Este crecimiento permitió los movimientos expansivos de la época: las cruzadas y la Reconquista.

Mientras el campo se transformaba, cambiando su paisaje de bosques por campos cultivados, se inició un proceso de urbanización muy importante que duró hasta el siglo XIV. Las ciudades crecieron y se transformaron debido tanto al establecimiento de monasterios o centros de peregrinación, como a la fortificación, por la proximidad de las fronteras, o a su conversión en centros de administración civil o eclesiástica, pero sobre todo a causa de la explosión del comercio en el siglo XI. Ocurrió primero en Italia y se extendió al área mediterránea; también existía un importante comercio en el mar del Norte y los países escandinavos, que evolucionó hasta dar origen a la Hansa.

El siglo XIII fue el del dominio de las monarquías. Se crearon los marcos institucionales según las necesidades de gobierno. La curia regis o curia real, en un principio reunión de los grandes vasallos para aconsejar al monarca y hacer cumplir sus disposiciones, se convirtió en el parlamento.

Después de un siglo XIV marcado por la crisis económica, la guerras y las epidemias de peste negra, el fin de la edad media confirmó la división de Europa en estados nacionales que no reconocían una autoridad superior a la suya.

En definitiva, durante la Edad Media se manifestaron grandes progresos en todos los campos. En arte y arquitectura, se crearon los estilos románico y gótico; el pensamiento y la sensibilidad religiosa adquirieron una gran fuerza. Una de las características más destacadas del mundo medieval ha sido la emancipación de las disciplinas sociales y legales de la autoridad religiosa, ya que antes carecían de autoridad y validez independientes.

La filosofía medieval estuvo promovida por la búsqueda de la verdad divina, el deseo de interpretar la voluntad de Dios y el significado de su obra en la tierra. Habrá una síntesis entre la filosofía basada en las escrituras monoteístas y la heredada por los griegos y romanos.

En el plano político, el estado medieval intentaba obtener mayor grado de autoridad y establecer las libertades del individuo; así cada uno de estos conceptos tendría sus leyes y corporaciones. Este hecho no gustará en las esferas eclesiásticas ya que verá disminuido su poder.

 
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