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La invasión de los árabes en el año 711 supuso
una liberación para los judíos, que pronto se pusieron
al servicio de los nuevos gobernantes, ya que fueron contemplados como
auténticos liberadores. Para los musulmanes, el judaísmo, al igual que el cristianismo, era una religión tolerada: de ahí que en términos generales permitieran a los judíos vivir libremente sin más que pagar un impuesto especial, eran junto con los cristianos, los dimmies. Además los invasores eran pocos en número, por lo que se veían obligados a confiar en aquellos grupos que podían serles fieles, como era el caso de los judíos. Estos, por su parte, se adaptaron enseguida al nuevo Estado y empezaron a ocuparse de aquellos oficios que para los árabes eran de segunda categoría pero que podían ser muy lucrativos como el comercio y el funcionamiento administrativo. A partir del Califato de Córdoba (siglo XI) comienza la gran época de los judíos españoles que alcanzaron en la España musulmana -califato y reino de taifas-durante los siglos X y XI el mayor bienestar y el mayor nivel cultural que hayan alcanzado los judíos fuera de Israel hasta el s. XVIII. En este tiempo habrá judíos que serán ministros de los Monarcas musulmanes, como Hasday ibn Suprut y Samuel ibn Negrela, amo y señor del reino de Granada. También en esta tiempo el centro religioso y cultural del judaísmo pasará de Oriente a España, con las academias rabínicas de Córdoba y Lucena impartiendo directrices de vida para los judíos de todo el mundo. La situación empezó a cambiar con la llegada de los almorávides, más intransigentes con las religiones que no fueran la islámica. Sin embargo y después de unos nulos primeros momentos, los judíos lograron rehacerse y gozar de un relativo bienestar en la España musulmana hasta mediados del siglo XII, haciéndoles participes en el cobro y administración de las rentas públicas. Poco después empezarían también con algunas otras ocupaciones, que, a la larga, se convertirían en tradicionales de este pueblo: físicos, diplomáticos, ... llegan incluso a ser gobernadores y consejeros de los monarcas. Pero en 1140 llegan los almohades, mucho más radicales en materia de religión, y exigen la conversión al Islam de los judíos. La implacable persecución del pueblo hebreo que llevaron a cabo los almohades se prolongó durante diez años y en ellas se despojó de sus casas y se les acosó forzándoles a la emigración hacia territorio cristiano. Alfonso VII Ofrecerá a los perseguidos israelitas de Al-Andalus un refugio seguro contra las hordas almohades. La suerte de los judíos españoles quedaba sometida al dominio del cristianismo y al arbitrio de sus reyes. Por otra parte los judíos que se habían convertido a la religión islámica para así salvar sus vidas y permanecer en sus hogares, esperaban con impaciencia la más mínima posibilidad para romper el lazo que los oprimía. Esta se les presentó cuando los nazaritas aceptaron capitanear a los muchos descontentos que había en Granada, entre ellos, los judíos. Indice |