Khajuraho, ciudad de templos, centro de un reino glorioso, es además el hogar de una de las tradiciones más antiguas y esotéricas de la antigua India, el Tantra. Su pureza ha sido desvirtuada, pero en Khajuraho uno puede comprender que sus enseñanzas, inmortalizadas en piedra, confieren a la sexualidad un carácter espiritual. Cada mañana, los rayos del sol naciente restablecen la vieja vida de las innumerables figuras, recordándonos la mortalidad del hombre y la inmortalidad de su genio. La elegancia y la tolerancia que plasmaron los escultores consigue transformar los aspectos mundanos de la vida en un arte sin par. Las estatuas retratan una sociedad sana y liberada, donde mente y cuerpo estaban en armonía con el espíritu, una sociedad donde el arte y la ciencia combinaron felizmente espiritualidad y sexualidad. Los templos, dedicados a dioses y diosas, representan la igualdad de los sexos que existió en el país. Curiosamente, esta visión social se producía cuando Europa, a pesar de creerse el ombligo del mundo, estaba atravesando uno de sus más oscuros momentos. Los templos de Khajuraho son una de las maravillas de la India, inmediatamente detrás del Taj Mahal y equiparables a Benarés, Jaipur y Delhi. En los albores del s. XI, la arquitectura de la India medieval alcanzó la perfección, sin la utilización de arcos ni bóvedas. |
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La fama de Khajuraho se debe más a la decoración esculpida de las fachadas de sus templos que a la calidad intrínseca de sus monumentales catedrales construidas en la llanura donde antaño se alzaba la capital de un reino poderoso. Los templos fueron erigidos por los rajás de la dinastía de los Chandela, que reinó en el extremo norte del Decán entre los s. X y principios del XIII. Pero gracias a la decadencia de la región desde finales del s. XI, los templos sobrevivieron a los asaltos musulmanes y a la posterior anexión de la provincia por los sultanes de Delhi en 1310. Con su desaparición de la escena política, Khajuraho, que contaba con unos 85 templos en los momentos de mayor esplendor, vio como su población disminuía y la maleza se apoderaba de las tierras cultivadas a su alrededor. Esta capital, venida a menos, ya no presentaba un interés suficiente para los conquistadores por lo que sus prestigiosos edificios cayeron en el olvido, hasta el punto de escapar a las destrucciones de la iconoclasia islámica. Khajuraho sobrevivió olvidada hasta su descubrimiento en 1840 por el ingeniero británico T. S. Burt. El Khajuraho actual es sólo un fragmento minúsculo de su magnífico pasado. Al observar el entorno de las construcciones, es inevitable que nos asalten preguntas como ¿por qué y cómo fueron erigidos aquí? Khajuraho se halla distante, hoy al igual que mil años atrás, de las grandes rutas comerciales y lejos de cualquier núcleo importante de población. No hay nada que justifique tal conjunto arquitectónico, e incluso la ingrata climatología veraniega, resulta seca y polvorienta en demasía. Tras la elección de tan extraño enclave, ¿cómo consiguieron los Chandela reclutar la mano de obra necesaria para convertir sus ambiciosos sueños en piedra? La monumental edificación de tantos templos en prácticamente sólo cien años debió de requerir un enorme contingente de brazos humanos. Las Esculturas Eróticas
Como el principio de toda existencia terrenal está sometido a la oposición masculino-femenino, su conjunción expresa el acto creacionista, simbolizada por la unión de los distintivos masculino y femenino. Los símbolos del lingam -falo de Shiva, el dios creador- y del yoni -vagina de Shakti, la diosa madre, cuya hija, Parvati, es a su vez la esposa de Shiva- decoran multitud de templos hindúes. Las esculturas eróticas forman a menudo grupos de personajes, cuya disposición de cuerpos y actitudes, se enmarcan a veces en unos esquemas simétricos gobernados por el trazado de un mándala. Así, el conjunto adquiere una composición de forma geométrica, bien sea triángulo, hexágono u octágono. La desnudez se rechaza con frecuencia y deja paso a la utilización de una decoración culta, verdadero arsenal de seducción que sacraliza y ritualiza el acto amoroso: largos collares que se adaptan a la forma del pecho, cuellos muy ceñidos, diademas, pendientes, anillos y pulseras, cinturones sueltos, etc. Todo ello pertenece a un lenguaje iniciático, ilustrando una vía que confiere al acto sexual su dimensión cósmica y lo sitúa en armonía con el ritmo del universo. Los Templos de Khajuraho Al contemplar los templos, se puede apreciar un profundo contraste entre sus paredes exteriores -llenas de alboroto y actividad-, y su parte interior o sanctorum -simple y serena- como una analogía entre cuerpo y alma. Los templos en Khajuraho son una celebración del hombre como la imagen del cuerpo del dios, y del hombre, como la casa del dios. La mayoría de ellos, están dedicados a uno de los tres dioses hindúes que conforman la trinidad santa -Brahma el creador, Vishnú el preservador y Shiva el destructor-, así como poseen, en su interior, monumentos que representan el lingam o falo creador de Shiva. Desafortunadamente, los templos se están viendo dañados por el sonido y las vibraciones originadas por los vuelos que operan desde el aeropuerto, a sólo 3 Km. A pesar de los esfuerzos realizados por ciertas organizaciones, el Departamento de Arqueológica de la India no ha considerado el asunto como grave.
El Templo de Citragupta es el único que está dedicado a Surya, dios del Sol, montado en un carro de siete caballos que huyen de la noche. Un templo de asombroso parecido al de Citragupta, es el de Jagadambi, que está dedicado a Kali, la terrible encarnación de Parvati, esposa de Shiva. Es uno de los templos con mayor carga sensual y erótica de Khajuraho. Otros templos de cierta importancia en este grupo occidental son el de Vahara, dedicado a una reencarnación de Vishnú, y el exuberante templo de Nandi, dedicado a Shiva. El grupo del Este se compone de tres templos jainitas rodeados por una empalizada, uno fuera de ella, y otros tres hindúes. El más relevante es el templo de Brahma, que originalmente fuera dedicado a Vishnú. Consagrado a Vamana, una encarnación de Vishnú, el templo de Vamana se diferencia de los demás por la ausencia casi total de escenas eróticas. De todos los templos jainitas, el Parsvanatha es el mejor conservado. Con sus perfectas torres y agujas, y una bella representación de Shiva y Parvati en actitud amorosa, podría considerarse el más fino de Khajuraho. En el grupo Meridional existen dos templos interesantes. Junto al río Khedar está el templo de Duladeo, dedicado a Shiva. Este templo tiene muchas características individuales que lo distinguen del resto de los templos de la región. Las ninfas que bailan y los ángeles volando muestran la tensión vigorosa y un gran dinamismo. El otro templo es el de Chaturbhuja, cuya importancia deriva de que es el único que no posee esculturas eróticas en Khajuraho. El Sentido de las Esculturas
A. Menen, en su libro “Inde”, afirma que las estatuas tienen un claro objetivo comercial. El templo hindú, a pesar de ser un lugar de culto, no era ni una iglesia ni una catedral. Sin duda era un lugar de encuentros sociales, en el que la presencia de las devadasis –servidoras de dios- lo convertía en una especie de burdel camuflado. De hecho, fue el puritanismo inglés el que prohibió que hubiera devadasis en los templos. Según esta controvertida hipótesis, desde el recinto del templo se entraba en la natya-mandapa, donde las danzas eróticas de las devadasis “condicionaban” al cliente antes de hacerlo pasar a la bhoga-mandapa, el área del goce. Lo que parece cierto, es que en la India brahmánica medieval, tres instituciones complementarias vivían en perfecta simbiosis: el matrimonio hindú, el harén, y el templo-burdel...
La Unidad, Perfección Divina El juego mágico del amor que se contempla en Khajuraho se inscribe en la perspectiva de los Tzantra, doctrina filosófica referida a ciertas prácticas rituales de la India antigua, que llegó a su momento de máximo esplendor en el s. X.
En la filosofía tántrica, la realización del individuo pasa por disciplinas físicas –shadana- relacionadas también con el yoga. Se basa en el símbolo del encuentro de las energías femenina y masculina: el concepto de la unión sexual y espiritual de Shiva y Parvati como principios masculino y femenino del universo. Por lo tanto su objetivo es la consecución de la unidad, pues esta constituye sabiduría y el logro de la liberación. La iluminación no se logra negando el mundo ni negándose uno mismo, sino contemplándolo en el seno de la realidad trascendental, fundido en ella. “Uno debe elevarse por medio de lo mismo que le hace caer”, tal como reza uno de los textos sagrados. Mientras que las enseñanzas de los darshana requieren una larga serie de reencarnaciones para lograr la fusión con el Absoluto, el Tantra aspira a identificarse con la divinidad en la presente existencia. El Tantra tiene dos ramas: el dakshinamarga o vía de la derecha, en la que se tiende a concentrarse más en la interpretación intelectual de los textos, y el vamamarga o vía de la izquierda, cuya técnica se encamina a dirigir toda la energía liberada en el acto sexual al fin cósmico de la fusión con la divinidad, admitiendo toda una serie de elementos que están proscritos de las vías ortodoxas, como el sexo, el vino, la carne, el pescado, e incluso algunas prácticas alucinógenas. En las prácticas “de la izquierda” se exaltar lo que para el individuo normal es ilícito, para luego, acumular en uno mismo el potencial que encierran las energías sexuales. Este sistema especulativo y ritual trata de obtener el conocimiento salvador y la unión con lo divino mediante la ciencia esotérica, tal como explica el Tantrashastra, un tratado que versa sobre las ciencias ocultas del sistema del Tantra. Para los practicantes del Tantra o tantrikas, la mujer y los valores que ella encarna son sagrados, y por tanto, respetados. Como resultante final, la visión del Tantra y de las esculturas eróticas que podemos contemplar en Khajuraho han sido deformadas por la sociedad occidental y transformadas en un culto al sexo. Sin embargo, la utilización del placer sexual como medio para alcanzar la trascendencia espiritual es uno de los muchos caminos que el hombre, en su búsqueda del conocimiento interior para acceder a la unión con lo divino, ha utilizado. En ese aspecto, en definitiva, no se diferencia de cualquier otra religión. Diferentes métodos para conseguir el mismo resultado. Las Devadasis Devadâsî es una voz sánscrita que significa “esclava o servidora de Dios”. Las Devadasis eran las bailarinas sagradas que estaban al servicio del templo, y a las que se debe la pervivencia del baile clásico indio hasta nuestros días. Se trataba de una curiosa institución que no sólo tenía encomendada la función de adorar a la divinidad a través del baile, sino que además, como servidoras del templo, podían ser requeridas por sacerdotes y peregrinos para sus satisfacción sexual. Eran seductoras bayaderas, cultas, que sabían bailar, cantar, y eran sobre todo expertas en las artes amatorias. La experta Devandana Desai en su libro “Esculturas eróticas de la India” dice que “la institución de las devadasis, cuyo origen se remonta a los cultos de la fertilidad, se convirtió en un medio de goce bajo la cubierta de una forma de culto. En la época medieval, el número de devadasis aumentó en los templos porque las escrituras sagradas recomendaban ofrecer las hijas al templo.
Tantra Y Kama Sutra El Tantra no niega ningún aspecto de la vida, porque ése significaría la negación de dios mismo, encontrando la chispa divina en la belleza y la fealdad, superando ambos, deseo y aversión, es su última meta.
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