La Música Árabe
Por Álvaro Martínez León
Al Farabi

   Este pensador nacido en el Uzbekistán, que vivió en Bagdad, Alepo y Damasco, está considerado por los historiadores árabes con "el segundo maestro", considerando a Aristóteles el primero. Escribió un catálogo de las ciencias, así como tratados de medicina, matemáticas, lógica, metafísica, sicología, poética, música y  fue  considerado uno de los más finos comentaristas de Aristóteles, del que comentó unas catorce obras, además de algunas de Platón, Porfirio y Tolomeo. Uno de sus mayores  esfuerzos en sus planteamientos filosóficos era demostrar que las teorías de Platón y Aristóteles no estaban enfrentadas, sino que se complementaban. Se decía de él que tenía gran poder como músico sobre las audiencias, como la primera vez que llegó a la corte de Damasco, cuando consiguió con un instrumento hacer reír, provocar tristeza y dormir al público.

Era un virtuoso en el manejo de varios instrumentos, tanto que se le llegó a llamar "el Orfeo de Arabia". Estos datos, aunque algo legendarios, nos demuestran su gran autoridad como tratadista musical, pues combinaba un amplio conocimiento de la práctica con la sistematización lógica y analítica rigurosas de la tradición griega.

Su obra maestra en este campo es el Kitab al Musiqa al Kabir o Gran Libro de la Música, piedra filosofal de los tratados de música árabe, compuesto por el Libro de Elementos, el Libro de Instrumentos y el Libro de Composición. Los dos elementos en los que se apoya el tratado son el estudio de las notas y la relación entre ellas y las reglas de la composición, basándose en la física y en la lógica respectivamente.

    En su condición de filósofo universal, Al Farabi trató de inventar un sistema de pensamiento que relacionara todas las disciplinas, lo cuál se ve en sus tratados de música. En la introducción el autor define la música como una tendencia natural humana, que utiliza también de la razón. Expone los grados de logros intelectuales en la música, empezando por Ma´abad, que necesitaba de un instrumento para componer, y situando a  Ishaq al Mawsili en el punto más alto, pues se bastaba de sí mismo para componer y no necesitaba ninguna ayuda exterior.

     Al tratar de los efectos de la música sobre el hombre, los divide en tres : el agradable, el imaginativo y el apasionado. La música sirve para olvidar las penas, para hacer sentimientos más intensos o para suavizarlos y para exaltar la imaginación del oyente cuando acompaña al poesía.

     El Libro de Elementos es el más helenizado, pues es casi un tratado de acústica basado en el sistema pitagórico estructurado por Aristoxeno. En él se define el concepto de nota como un sonido de una duración y afinación concretas. Los géneros se dividen en fuertes, medios y moderados. Aparece el concepto de disonancia y consonancia , considerándose la octava la consonancia absoluta, seguida de la quinta y la cuarta. Los intervalos se dividen en grandes ( mayores que la quinta ), medios ( cuarta y quinta ) y pequeños ( menores que la cuarta ). La octava estaba dividida en veinticinco intervalos y aparece también el concepto de tetracordo, la cuarta dividida en cuatro intervalos. Los modos rítmicos son los mismos que a los Al Kindi se refiere.

    El Libro de Instrumentos es una gran aportación a la historia de la música árabe en materia de instrumentos y escalas puramente árabes, todo basado en la práctica. Se dan las medidas ( razonadas científicamente ) y materiales con que hay que construir los instrumentos tales como el ´ud, el sahrud ( laúd grande ) el rabab ( ante-pasado del violín ), el duff ( pandero ), el tabl ( tambor ) varios tipos de flauta y surna ( oboe ). También nos enseña cómo se afinan los instrumentos de cuerda y la manera de distribuir los trastes, que es más importante, ya que gracias a ello sabemos cómo eran las escalas que se utilizaban por aquel entonces. 

    Por último tenemos el Libro de Composición, en el que se nos explica cómo poner melodía a un poema. Se escoje un modo determinado y se eligen pequeños grupos de notas ( géneros ) dentro de éste. Luego, se ajustan los versos a un modo rítmico y se unen esos géneros para formar melodías. Se prefieren los modos diatónicos a los cromáticos por ser más naturales. Si el modo rítmico es rápido, la melodía debe ser sencilla, con pocas notas de duración relativamente larga. Si es lento, se deben utilizar floreos, apoyaturas y glissandos.

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