Durante este periodo finalizó la expansión del imperio, extendiéndose a la península ibérica por Occidente y hasta la India por Oriente. La riqueza que acumularon por aquel entonces las poblaciones dominantes y los nuevos elementos que se incorporaron a la cultura ( griegos e hindúes ) hicieron de esta época la más floreciente en cuanto a arte se refiere. Esto hizo que existiese una visión más crítica con respecto al arte. Ser músico se convirtió en una profesión lucrativa, y se hizo necesario tener una amplia formación en campos no musicales, un buen nivel de virtuosismo, conocimientos de teoría estética y de los poderes terapéuticos y místicos de la música. Era imprescindible tener un repertorio más extenso, así como un alto nivel creativo y estar versado en la especulación matemática ligada a la música, un conocimiento casi enciclopédico dirigido a obtener la aprobación de la élite social, que se hacía cada vez más entendida y exigente. La música se convirtió en una disciplina similar a la filosofía o las matemáticas, ya que cualquier hombre que se preciase de ser culto debía tener buenos conocimientos de esta materia. La subida al poder de los Abbasíes coincidió con el fin del centralismo. Aunque la capital se estabeció en Bagdag, el imperio se dividió en pequeños reinos, tales como Al-Andalus, el Magreb, el África subsahariana, Egipto, Siria, Iraq, Irán, Afganistán y la India. En estos nuevos reinos, algunos completamente independientes y otros con algunos vínculos con el califa, la vida urbana se desarrolló, así como las pequeñas aristocracias de cada lugar. Éstas promovieron las artes locales, pues vieron en ellas una buena forma de afirmar su independencia cultural. Mientras que políticamente el período abbasí estuvo marcado por la desintegración, supuso un florecimiento del arte en todo el mundo islámico. En las fiestas de la vida diaria de la aristocracia, como podemos leer en "Las Mil y Una Noches", la música se fue convirtiendo en un entretenimiento, separándose así de la poesía para relacionarse directamente con los placeres del vino y el harén. Lejos quedaban los tiempos de los Quraisíes, con las reservadas reuniones en las que la apreciación de la palabra cantada era un acto exaltado y casi mágico. El mayor elogio que podía hacer un califa o un noble a una nueva canción era "beber por ella" y de hecho se decía que el vino acentuaba el placer de escuchar la música. En la literatura de entonces abundan relatos de reuniones aristocráticas en las que la música, el canto, el vino y las mujeres eran imprescindibles, hecho que se ve constatado también en los tratados de teólogos del momento , que condenaban continuamente la vida disipada de la nobleza. Hubo algunas excepciones, como los califas ´Abd Al Malik y Umar ibn ´Abd al ´Aziz que aún así, compuso algunas melodías después de su subida al trono. La música era un signo de riqueza y prosperidad, con lo que se hizo cada vez más popular en toda la sociedad. A pesar de la frivolidad con la que se relacionaba a la música del momento, ésta seguía evolucionando, pues en la misma aristocracia aumentó el interés por la música como arte independiente. Algunos califas se dedicaron a componer, ya que se consideraba a ésta una fuente de edificación y placer, dándose así un carácter intelectual y artístico a la apeciación de la música además del matiz sensual. Aunque las composiciones de estos no estaban ni mucho menos a la altura de los músicos de su corte, esto nos da una impresión de cuál era la implicación de los nobles en la música. A estas funciones sociales se sumó otra, la política. Los músicos, junto con los poetas, eran los periodistas de la época, tratando los acontecimientos cotidianos y extraordinarios en forma de apología o de sátira. Muchos iban de pueblo en pueblo y así iban extendiendo las noticias. Un ejemplo de la capacidad propagandística que tenían es el del poeta Al Darimi. Un día se le acercó un mercader que venía de Iraq con un cargamento de velos y que había conseguido venderlos todos menos los negros. Esto dio una idea a Al Darimi para hacer un poema sobre una preciosa mujer tocada con un velo negro. La canción se hizo tan popular en la ciudad que el cargamento de velos se acabó rápidamente. Los artistas tenían gran influencia sobre la población, y los nobles no dudaron en sacarle partido a este hecho. Hasta que la subida al trono de los Abbasíes se consolidó, hubo varias luchas de poder, en las que se utilizó a los poetas para crear opinión pública en favor de cada bando. Asimismo, un artista debía evitar criticar a ciertos personajes en sus canciones, pues ello le podía llegar a costar incluso la vida. Otra función muy común de la música, que provenía de épocas preislámicas (de la antigua Persia incluso) y que seguiría utilizándose hasta el siglo XIX por el imperio otomano, era la militar. En su máximo desarrollo, la banda tenía sus funcionarios especializados en tareas administrativas o técnicas, que acompañaban a los "comandantes de los tambores", que tocaban ciertos tipos de tambores y de instrumentos de viento. Se sabía muy bien qué tambores eran mejores para la batalla, pues tenemos escritos de generales tales como Khalid ibn al Walid, que recomendaba los tambores tubul para hacer a los guerreros combatir más fieramente y prohibía los tabl al shanin por tener un sonido enervante y debilitador. Volviendo a la vida en la corte, cabe destacar hasta qué punto había evolucionado la posición del músico en ella. Al parecer, los músicos tenían rangos, dependiendo de su habilidad musical, pero también de su formación cultural ( incluso en lo referente a teología ) y de su apariencia física en el caso de las mujeres. Muchos gastaban tiempo y dinero en aprender todo este tipo de cualidades, pues la recompensa social y económica era segura. El máximo puesto al que se podía aspirar era el de ser una especie de acompañante muy cercano del noble que le contrataba, pero muy pocos llegaban a ese estatus, quedando el resto como tocadores y cantores de segunda clase. A la hora de tocar no se podían mezclar los rangos, y un cantante no podía ser acompañado por un instrumentista de menor rango que él. Sin embargo, los premios recibidos por los artistas de alto nivel eran repartidos entre todos los rangos. Esta división provenía de una antigua costumbre de las cortes Sasánidas, al igual que la de poner una cortina entre músicos y audiencia. Había un oficial encargado de los temas relacionados con la música y otro encargado de las cortinas y de ser el intermediario entre los músicos y el califa durante la actuación. El mejor ejemplo de hasta dónde llegó el estatus de algunos músicos, es el de Ishaq al Mawsili, el músico por excelencia de aquella época. Los califas que le tuvieron como "jefe de música" en sus cortes decían tales elogios de él como que tenía las cualidades de un juez o, en su vejez, que desearían imprimirle juventud y salud, ya que era un regalo bendecido por Alá. Podía no obedecer órdenes del monarca y nunca llevaba su ´ud con él como el resto de sus colegas. Era nombrado frecuentemente por un apelativo especial que indicaba que era favorito del califa y era de todos sabida su buena posición económica. Aún así, quedaban retazos de la posición servil que había tenido el músico en la corte, pues la conocida polémica que protagonizaron su padre y él frente a Ibrahim ibn al Mahdi e Ibn Jami´( de sangre quraisí ) tuvo este matiz clasista además de la rivalidad de estilos entre el modernismo ornamentado de Al Mahdi y el clasicismo sobrio de los Mawsilis. A este hombre de amplia cultura, cantante, compositor y virtuoso del ´ud se le atribuye la autoría de cerca de cuarenta trabajos sobre música ( hoy perdidos ) y, según el Kitab al-Aghani o "Libro de canciones", la primera sistematización de los modos melódicos de la música clásica árabe. Índice |