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Después de la invasión de Bagdad hecha por los mongoles en 1258 y la caída de Granada a manos de los cristianos, la magnificencia de la cultura islámica fue disminuyendo. La música siguió siendo cultivada sobre todo en el imperio otomano, conservándose la tradición árabe y persa legada por la edad dorada de la dinastía Abbasí, recibiendo algunas influencias de los mongoles. Se crearon así nuevos estilos de composición que tomaban también pequeñas influencias europeas y que acabaron por tomar una verdadera identidad local. Algunas de esta formas musicales son el bashraf, la samai´ ( que hoy se encuentran en la música clásica tunecina ), la lunga, el duleb y el sirtu. Hombres como Abdul Qader , que escribió una antología de melodías, o Dimitrius Qantimirughlu, creador de la forma pesrev, fueron figuras fundamentales en la historia de la música turca al servicio de los monarcas otomanos. Cabe destacar también que el repertorio clásico turco se conserva hoy gracias a los trabajos de notación de compositores como Abdulaur Meragi. La rama principal de este arte fue la de la hermandad sufí mevlevi ( mawlawiya ), que igual que el resto de la música clásica turca fue prohibida por el occidentalizador Attaturk hasta 1946, produciéndose un éxodo casi completo de intérpretes y compositores que hoy todavía no han vuelto. Mientras que Kudsi Erguner vive en París, Needet Yasar trabaja en el Turkish Music Research Center en EE.UU. El Cairo floreció como capital cultural durante la hegemonía de los mamelucos, hasta que fue conquistado por el imperio Otomano. Persia disfrutó de independencia cultural durante 450 años, hasta 1918. Índice |