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A partir de el reinado de Ali Pacha en Egipto ( 1805 - 1848 ) el oriente árabe comenzó a despertar de su letargo para abrir sus fronteras económicas y culturales. La ciudad de El Cairo, que acogía por aquel entonces a turcos, europeos, sirios, libaneses y judíos magrebíes, fue enriqueciéndose poco a poco y con ello, fue haciéndose capital intelectual gracias al jedive Isma´il de el mundo árabe. Así, asistimos al renacimiento cultural de este mundo, que se denominaría la Nahda. Con la figura mítica de Abdu al Hamuli, se concretó este renacimiento en le campo de la música, con el precepto principal de aunar las culturas urbana y rural egipcias, así como adaptar elementos orientales al gusto egipcio. En esta época la aristocracia fue una vez más la mecenas de la música. Cada miembro de la familia jedival traía músicos para tenerlos bajo su protección, así como la hermandad de los mawaliya. Así, prestigiosos músicos otomanos y sirios trabajaban en las cortes del Cairo junto a sus colegas nativos. Cabe destacar la gran influencia de la familia Shawwa, de Alepo, que desarrolló el violín occidental como instrumento fundamental para acompañar a los cantantes, creando también técnicas virtuosísticas para convertirlo en instrumento solista. La influencia europea fue bastante más discreta, a pesar de existir escuelas de música occidental y una ópera en la ciudad. Se apreció en la aparición de grandes formaciones de músicos y en la copia de los cafés-concierto franceses, pero nunca en las características estéticas. Pero la música no sólo se desarrolló en la corte. La aparición del café-concierto daba la oportunidad a gran cantidad de músicos a expresar su arte. Éstos solían rivalizar en el arte del conocimiento de las muassahas de fondo sirio-egipcio acompañándose con panderos duff. Estos músicos también actuaban en la plaza de la mezquita y en la entrada de la medina. También se hacían conciertos en los quioscos de algunos parques y en grandes tiendas de campaña que se instalaban en la calle. Estos músicos no podían ejercer sin la autorización del shayj, que decidía, después de un examen, quién estaba lo suficientemente capacitado para el oficio y dónde se le permitía actuar. Esta figura desapareció con la llegada de la industria discográfica. Existía también la figura de las almeas, mujeres cantantes que eran contratadas para fiestas y que estaban bastante separadas, artísticamente hablando, de sus colegas masculinos. Solían cantar canciones cómicas, eróticas o enseñando a la joven virgen cómo debía valorar su cuerpo a la hora de pedir la dote a su futuro marido. Algunas cobraban grandes sumas de dinero por cantar y actuaban alguna vez en ambientes cultos, pero en el extremo opuesto se encontraban la ghaziya, que además de cantar, bailaban y se prostituían si era necesario. La música culta se solía interpretar en el salón de recepción de una mansión o en una tienda montada para tal efecto y comenzaba después de un ágape en el que los músicos participaban, haciendo relaciones con el dueño de la casa y con los invitados asemejándose su papel al de acompañante que se recuerda en el Kitab al Aghani. Se contrataba también al mutayb, que se encargaba de cobrar el caché y de lanzar interjecciones de ánimo a los artistas y suspiros de gusto durante la actuación. La velada constaba de tres waslas de una hora y media de duración cada una con largos entreactos para las relaciones sociales, siendo la última wasla ( la del amanecer ) la más apreciada, pues en ella los cantantes hacían gala de su máxima agilidad. La formación instrumental constaba de entre 7 y 10 músicos: el mutrib o cantante solista; 3 o 4 coristas que acompañaban a éste en las frases comunes y le respondían en los pasajes responsoriales; el laudista, que hacía las mismas melodías que el mutrib; los tocadores de nay ( flauta ), violín y qanun ( cítara ) que hacían las partes instrumentales y acompañaban al coro en ocasiones; por último, el percusionista, que tocaba el tiqq ( pandero con sonajas ) en algunos pasajes. Las formas que más se utilizaban eran la wasla, la qasida, la muwassaha y el dor, formas de las que hablaremos en nuestro apartado de música culta. Abduh al Hamuli fue la figura principal de la Nahda en el campo musical. Después de aprender con los mejores maestros de canto de el Cairo, se hizo famoso rápidamente en los cafés por sus composiciones y su manera de interpretar, combinando la tradición culta con algunos elementos populares. Esto le llevó a trabajar en la corte del jedive Isma´il, lo cual aprovechó para viajar a la corte turca y aprender el canto clásico otomano. Esto es consecuencia de que en aquel momento los intelectuales de la Nahda no llegaron a valorar el planteamiento del renacimiento musical, pues consideraban la improvisación o el lamento de origen beduíno como arcaísmos frente al canto otomano. Éste se veía como una expresión más elevada que favorecía el avance cultural que pretendía igualarse al Occidente imperial. Kamil al Julai el único compositor de la época que dejó escritas sus reflexiones sobre la música, pero en la práctica se formó un verdadero renacimiento de la tradición creada por Ishaq al Mawsili y Zyriab entorno a la figura de Abduh al Hamuli. Índice |