La religión del Antiguo Egipto
Por Lara Kahalaf
La Época Remésida

Después de la reacción amoníaca en tiempos de Tutankhamon y de Horemheb en Tebas, en el Bajo Egipto, donde florecía el culto de Seth, apoyado pro la tradición hicsa, se afirma este dios con el advenimiento de la Dinastía XIX, Ramsés II construyó en su capital Pi-Ramsés un gran templo a Seth, al mismo tiempo que favorecía a otros cultos cananeos como el de Anath, Astarté, Baal y Reshef, que fueron identificados con Neftys, Isis o Hathor las dos primeras. El culto a Amón será el predominante como religión oficial, en el sentido restringido de este término. Ni que decir tiene que continúan todos los cultos tradicionales en sus formas más variadas. Como distintivo del Imperio Nuevo en su conjunto ha de señalarse una lenta etización de la religión y la aparición de la piedad personal, es decir, una vivencia íntima de la religión entre el hombre y dios.

Pero no hay que perder de vista que en Egipto durante toda su historia el culto oficial tuvo una importancia desmesurada. Al final de la época ramésida las propiedades de los grandes templos habían llegado a grados inconcebibles en cualquier estado. Desde la época de los tutmósidas, con el pequeño intermedio de El-Amarna, no habían cesado de aumentar la riqueza de los templos. Después de la restauración siguieron en la misma línea y en tiempos de Ramsés III los templos llegan a poseer más del 10% de la riqueza del país; cuando la realeza cae en una desastrosa impotencia, los grandes sacerdotes de Tebas podrán regir los destinos del país, ante la indiferencia de los últimos soberanos ramésidas. Es posible que todo esto tuviera poco que ver con la piedad pero no iba necesariamente contra ella. La única forma de ascender en la escala política era apoderarse de los grandes sacerdocios de Tebas o Heracleópolis, como así lo hicieron los libios y los etíopes.

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