La religión del Antiguo Egipto
Por Lara Kahalaf
La Expansión de la Religión Egipcia

Si se considera con perspectiva histórica el legado de Egipto a la cultura universal, ha de concluirse necesariamente que, aparte sus aportaciones a la cultura griega desde el siglo VIII a.C. su influencia más perdurable se ejerce en el campo de las creencias religiosas. Los cultos egipcios aparecen en Siria y Nubia donde se instalan desde muy antiguo. Especialmente la segunda acogió con la colonización egipcia los dioses más universales, y los templos egipcios de todas las épocas fueron surgiendo a lo largo del río desde Elefantina hasta Napata, siendo en algunos casos auténticas maravillas, que no desmerecen de los más famosos del Egipto propiamente dicho. Como los dos hipogeos de Abu Simbel. En Nubia se veneran formas locales de los dioses egipcios como el Horus de Buhen. Incluso un dios nubio Dundun se incorpora más o menos al panteón oficial. Siria fue menos receptiva, antes al contrario, introdujo sus propios cultos en Egipto.

No obstante, la gran expansión de los cultos egipcios tuvo lugar cuando el país fue conquistado por Alejandro y de alguna manera se integró en la gran Koiné helenística, y más tarde fue incorporado como todo el Oriente, al imperio romano. Los cultos egipcios ejercieron una notable influencia sobre griegos y romanos, y aunque escritores y poetas mostraron en general su aversión hacia ellos, y los políticos observaron una actitud fluctuante sobre su permisibilidad, llegaron a los más recónditos lugares del imperio, e incluso se cristianizaron en nombres del santoral cristiano, como Serapio e Isidoro. La expansión tuvo lugar por mar, llevados por los comerciantes que iban de Naucratis y Alejandría al Pireo, a Delos, a Halicarnaso, y en general a todos los puertos del Egeo.

La política mediterránea de los Ptolomeos favoreció estos cultos en las posesiones griegas que detentaron durante algún tiempo. Concretamente Serapis aparece mencionado en una inscripción de Halicarnaso, a finales del siglo IV a.C. junto con Isis. Es cierto que una inscripción de Atenas del 333/32 menciona a Isis, pero es la Isis egipcia antigua (lo mismo que otra de Perintho en Tracia). En el s. III a.C. el culto de los dioses egipcios se extiende por todo el Egeo, especialmente Theos donde se erige un serapeun del 205 a.C. regido por un sacerdote egipcio. De allí pasa a Atenas. Más tarde a toda Grecia, Epiro, Delos, Tracia, Macedonia.

De Delos y otros lugares los cultos egipcios pasaron a Italia. La segunda mitad del siglo II a.C., los itálicos participan en los cultos isíacos de Delos. Otra vía de penetración fue Sicilia, no por Agatocles como se creía antes, sino a fines del siglo III a.C. Por estos y otros muchos puntos de contacto los cultos egipcios llegan a Puteoli antes del 105 a.C. Campania es el centro de difusión que alcanza a roma, y desde Roma a todo el Imperio. Apuleyo nos ha dejado un relato de los cultos de Isis en el mundo romano, que constituye una de las fuentes más explícitas de este fenómeno en su novela EL ASNO DE ORO.

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