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A partir de una fecha situada en los alrededores del años 3000 a.C. se unifica de modo definitivo Egipto desde el Delta hasta la primera catarata, reuniéndose en el monarca, el faraón, los poderes y símbolos del Bajo y Alto Egipto. El largo período dinástico, que alcanza hasta la conquista romana, está formado por una serie de dinastías. Cabe distinguir tres grandes periodos en la historia del Egipto antiguo, que reciben el nombre del Imperio Antiguo, Medio y Nuevo. El comienzo el Imperio Antiguo quedó fijado durante mucho tiempo en el 3315 a.C. pero hoy esta fecha se ha rebajado y puede situarse entre el 2800 y el 3000, pudiendo extenderse dichas etapa hasta fecha próxima al 2300 a.C. |
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Pocas noticias se tienen sobre las dos primeras dinastías, llamadas
tinitas, durante las cuales Egipto se consolidó como estado unitario.
Durante la tercera dinastía, iniciada por Djoser (hacia el 2750), la cultura egipcia alcanzó un nivel muy alto. Djoser trasladó la capital a Memphis, y fue el primer faraón que construyó como tumba una pirámide, la pirámide escalonada de Sakkara. Su arquitecto fue el famoso sabio Imhotep, creador del definitivo calendario egipcio. |
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| Con la cuarta dinastía se llega al apogeo
del Imperio Antiguo. El faraón tenía carácter divino y era por tanto
soberano absoluto. Tras él, el visir y los altos funcionarios constituían
una verdadera aristocracia que en parte residía en los cuarenta y dos
distritos o nomos que aquellos gobernaban. Los nombres de los grandes
faraones: Keops, Kefrén y Mikerinos van unidos al de las grandes pirámides
que construyeron.
Sin embargo a partir de la V dinastía (aproximadamente 2560-2420) se provocó una grave crisis que estalló de forma violenta hacia fines de la VI dinastía (2420-2300), tras el larguísimo reinado de Pepi II, cuando el particularismo de los jefes de los nomos, que en muchos casos habían hecho hereditario el cargo, y de los sacerdotes provocó la ruptura de la unidad. Comenzó así el llamado primer período intermedio (2300-2065), históricamente muy oscuro, que cabe interpretar como una verdadera revolución. Con los últimos faraones, tebanos, de la XI dinastía (2065-2000) se rehizo la unidad egipcia y se inició el llamado Imperio Medio (2065-1580), uno de los períodos más prósperos de la historia egipcia. Los faraones Mentuhotep II y III, de la dinastía XI (que trasladaron la capital a Tebas), y, sobre todo, Amenemhet II y Senuret III, de la dinastía XII (2000-1785), que volvieron a trasladar la capital al norte, realizaron extensos programas de reformas y de obras públicas en el interior (especialmente notable es el saneamiento de El Faiyum), así como audaces planes de expansión en el exterior, que llevaron a la conquista de Nubia y al sometimiento de vastos territorios de Siria. Pero, una vez más, después de un período de esplendor, Egipto comenzó, con las dinastías XIII Y XIV (1785-1680), un lento declinar, hasta que cayó, alrededor del 1730, ante la invasión de un pueblo extranjero, los Hicsos, venidos de Asia, que dominaron el país durante más de un siglo.
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| La insurrección contra los invasores extranjeros partió, una vez más, de Tebas con Kames y Ahmés, fundadores de la dinastía XVIII (1580-1320) y del Imperio Nuevo (1530-1200). Fue éste el último gran período de la historia del Egipto faraónico que se transformó en una gran potencia militar, quizá la más potente de aquella época. Mubia, que durante el segundo período intermedio (1785-1580) se había liberado del dominio egipcio, fue reconquistada; además, Siria, Palestina y Mesopotamia conocieron la potencia de las armas egipcias. A la muerte de Tutmosis III (1442), el imperio faraónico se extendía desde Nubia a partir de la cuarta catarata del Nilo- hasta el Éufrates. Algunos años más tarde, una crisis religiosa paralizó por breve tiempo la próspera trayectoria de Egipto. Su iniciador, el faraón Amenofis IV (Amenhotep) (1370-1352), conocido por el rey herético, intentó establecer el culto del dios Atón (el disco solar) en perjuicio del de Amón; para ello fundó una nueva capital (Tell al Amarna), e incluso cambió su propio nombre por el de Akenatón (complace a Atón). La reforma de Amenofis IV pretendía, entre otras cosas, limitar el extraordinario poderío del clero tebano de Amón. Pero la reforma religiosa terminó con la muerte de Akenatón, y el joven Tutankamón volvió a trasladar la capital a Tebas, restableciendo el culto de Amón. Algunos decenios más tarde, otro pueblo asiático, el hitita, amenazó al imperio egipcio en Asia, pero la invasión fue detenida. |
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