La religión del Antiguo Egipto
Por Lara Kahalaf
Osiris, Isis y la Religión Popular

Como bien hemos dicho anteriormente, Osiris era el dios más conocido del panteón y de simbolismo más amplio. Su nombre podría significar “lugar del ojo” y coincidiría entonces con su signo gráfico. Primitivo dios subterráneo de la fertilidad, Osiris se mezcló pronto con Anezti, el antiguo dios real de Busiris. De este último, Osiris adoptó las insignias del báculo y del flagelo. El aspecto vegetal estaba simbolizado por el trigo: la entrada en la tierra (entierro), el reposo en la oscuridad (infierno) y la germinación de la nueva siembra (resurrección). Es comprensible que hubiera una relación especial entre el agua viviente y el dios; el Nilo se llamaba “el efluvio de Osiris”, quien introdujo la viticultura y la agricultura, y recibió el nombre de Onofris, es decir, “el ser eternamente bueno” o “el perfecto”.

Su hermano Seth envidiaba esta hegemonía; atrajo a Osiris, logró meterle en un cajón y lo tiró al Nilo: al ahogarse el dios, hecho simbolizado por la inundación de la tierra fértil, hacía posible una nueva cosecha. El mito del descuartizamiente de Osiris nació más tarde, cuando varios lugares pretendieron poseer diversas partes del cuerpo divino. Busiris poseía la columna vertebral, Abydos la cabeza, Mendes el falo, Filé una pierna. Cada una de estas ciudades tenía una tumba de Osiris, que se encontraba normalmente en una isla (Abatón), aludiendo así a la colina primordial; justo al lado del féretro se plantaba un árbol, en alusión ala resurrección del dios.

Desde principios del Reino Medio, todos los muertos se convertían en Osiris, siendo él en sí mismo símbolo de resurrección, que se atribuía, en parte, a la técnica del embalsamamiento realizado por Anubis, dios de los muertos; en parte a Isis, hermana y esposa de Osiris, diosa de la magia quien, con sus alas, insuflaba el aire de la vida; y en parte también a Horus, hijo de Isis y Osiris, que abrazaba a su padre y le daba de comer el ojo mágico de Horus. El contacto de los cultos de Osiris y de Horus condujo a un equilibrio entre ambos dioses, al definirse al dios halcón como hijo de Osiris (otras veces Isis tomaba esta forma para ser fecundada por Osiris). De todo ello se derivaba el simbolismo real, según el cual el soberano vivo era la encarnación de Horus, mientras que el rey muerto se convertía en Osiris.

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