|
• El sufismo es el vivificador del Islam, e s el oxigeno del alma musulmana. Pero no se encierra en ninguna formula, escapa a cualquier termino de análisis. Es una actitud global, que moviliza todo el ser y que se aplica a toda la vida, exterior e interior, personal y social. • El sufismo se nos presenta como una ilustración del precepto delfico y socrático. Conócete a ti mismo. Pero este conocimiento no es solo teoría, sino que también practica. Pretende transformar el sujeto en el objeto contemplado, es decir, suprimir la distinción entre ambos por medio de una unión existencial. Este conocimiento realizador pasa por una experimentación de las verdades reveladas. El sufismo es poner a prueba la fe. La fe descansa en el testimonio, no es un conocimiento directo a través de los sentidos, ni por el razonamiento, ni por la intuición. Ahora bien, el sufismo tiende a convertirla en un conocimiento por la experiencia, sobre todo por la del amor • Toda doctrina esta en relación con la mente, pero la doctrina mística, que corresponde a la ciencia de la certeza, dirige a la mente una llamada a trascenderse a si misma. • Los místicos se preocupan, por definición, sobre
todo por los “ misterios del Reino de los cielos”; pero
también tienen necesidad de las formas exteriores de la religión
que atañen al individuo humano como tal.. • El sufismo expresa esa fuerza mística que anima a toda
religión, que no se confunde con ninguna y que , por lo tanto
, se granjea la desconfianza y las persecuciones de todas las instituciones
sacras oficiales. Bajo su impulso, ritos y formularios se iluminan con
un sentido insólito, y la letra de los textos descubre una enseñanza
oculta; libera la meditación, la danza, el grito, el amor, el
éxtasis. Abre camino a la irrupción de lo divino. • El sufismo se ha expresado en una literatura que alcanza las cimas de la poesía, la filosofía y la teología, traduciendo los mas crueles dolores del amor hasta la crucifixión del cuerpo, el corazón y el alma. • El sufismo también puede ser contemplado como una terapéutica mental. El maestro la experimenta, primero, en si mismo, para comunicar a los demás, con su enseñanza y su practica una medicina ya experimentada, que es su propia vía. Desarrollando su vida interior y guiando a sus discípulos hacia su propio desarrollo, el maestro enseña a curar el dolor de los corazones. Por que el sufismo es, precisamente una experimentación del dolor, experimentación que sobrepasa el umbral de la sensibilidad para alcanzar un nivel espiritual, y que pueda elevarse a la dignidad de un método que algunos califican de culto: el aniquilamiento de uno mismo. • Tiene una virtud social, si es generosamente deseada o soportada, pues permite socorrer a los demás en su infortunio y contribuye a extender la erradicación del espíritu. • Pero el sufismo no se puede reducir a una actitud dolorista ante la vida. Asume el dolor de vivir para transmutarlo en alegría, en una alegría expansiva incomparable a ningún otro placer. • El sufismo no es solo un método de pacificación
interior y de perfeccionamiento social. Responde también a una
vocación social: Cuando el místico dice “yo”,
en su estado de unión con Dios, pronuncia el “yo”
de Dios, ya no es el, el hombre, quien habla. Y este “yo”
divino expresa la voluntad del Creador de que el hombre se una a el
, por un voluntario regreso a la fuente del ser y de la vida. • El sufismo hizo estallar el lenguaje corriente. La experiencia que pretendía expresar, tras haberla realizado, superaba la capacidad de expresión de las palabras comprendida en su significado literal. • El sufismo enriqueció el árabe no solo con nuevos sentidos para las mismas palabras, sino también con nuevas palabras que la lengua clásica admitió a duras penas. Pero el vocabulario debe evolucionar, forzosamente, con la aparición de ideas y experiencias nuevas que resulta imposible expresar a partir de una lengua tradicional. Pero el sufismo fue un extraordinario fermento de vida interior, y para comunicar cierta idea de lo que es en profundidad, debe utilizarse un registro que escapa a las leyes comunes del lenguaje y que no puede ser sino el de la poesía y el de la música. Todos los místicos han acudido a la poesía, a la música, a sus símbolos, a su libertad, a ese prodigioso esfuerzo de espontaneidad que consiste en romper, con palabras, la jaula de las palabras para dejar pasar algo inefable Índice |