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Existen analogias y hasta identidades de doctrina y vida, ascética y mística, entre el Islam y el cristianismo. Debe desecharse la hipótesis que se basa en la mera coincidencia casual, pues se trata de analogías tan típicas y tantas en numero que no pueden haber nacido de la sola identidad de ideas y sentimientos religiosos, comunes al fondo de la psicología humana. Los sufíes, meditando el Corán, los desarrollaron y vivieron, construyendo así poco a poco una doctrina y un método de vida que ofrecen grandes analogías con las respectivas doctrina y vida del ascetismo y mística cristianos. En realidad, el Corán encierra ideas bíblicas y aun típicamente cristianas; pero no basta para explicar tantas y tan estrechas analogías. El Corán es la doctrina de Mahoma, pero la vida de este no puede ser tomada como modelo de perfección ascética y mística; un profeta que fue rey, polígamo y guerrero, que vivió sin refrenar su ira, su carne y su ambición de honores, no pudo invitar con su ejemplo vivo a la practica de las virtudes en que se cifra la perfección ascética y mística: POBREZA, CASTIDAD Y OBEDIENCIA. Es evidente que los sufíes y los místicos musulmanes
hablan y oran, en muchos casos, como los místicos cristianos.
Excepto el dogma de la Trinidad y el de la encarnación del Verbo
y consiguiente divinidad de Cristo, los idearios teológicos y
los métodos ascéticos y las teorías místicas
son en un todo análogas. Es indudable que existieron contactos entre los monjes cristianos y algunos musulmanes sedientos de vida espiritual. Se produjeron entrevistas, se comunicaron obras, transcritas del griego o del sirio al árabe. Pese a la opinión de algunos especialistas de la literatura siria, no parece que el monaquismo islámico sea una simple imitación del monaquismo cristiano y, en particular, del de los nestorianos. Podía perfectamente nacer de la meditación del Corán y de los hadices, al igual que de un impulso del alma humana, a la vez espontáneo y reforzado por el soplo del espíritu. Los trabajos de Asín Palacios han contribuido para el conocimiento del sufismo en Occidente. Pero afirma que su santidad y su doctrina mistica provienen de influencias cristianas que los primeros maestros del sufismo habrian recibido de las tradiciones del Oriente Próximo. Pero aunque conociesen obras y personalidades cristianas, no es importante esta relación si se minimiza el caracter autonomo y autogeno de la mistica musulmana. Muchos especialistas le han reprochado esto a Asín Palacios, aunque reconocen su mérito a la hora de haber explorado una abundante y mal conocida literatura. Los elementos judeocristianos del Corán, como las suras de Noé, Abraham, José, María, los Profetas y muchos otros versiculos, no bastan tampoco para negar una profunda originalidad a la espiritualidad del Islam. Cierta convivencia en las mismas regiones y las mismas ciudades, estuviera
el poder en manos de los musulmanes o de los cristianos, producía
similitudes de civilizacion: Habitat, alimentos, monumentos, vestidos. Índice |