|
Bilbao se muestra como un destino acogedor para muchos de los emigrantes africanos que llegan a España huyendo de la miseria y la guerra. En este reportaje, el escritor vasco Jon Mikel Altuna recoge las experiencias de tres de ellos. Tres países: Argelia, Camerún y Marruecos.
Las migraciones son un hecho constante en la Historia de la Humanidad: exploraciones, guerras de conquista, intercambios comerciales y la colonización de nuevos territorios son algunas de las causas. Sin embargo, a finales del siglo XX, estamos asistiendo en Europa a un fenómeno migratorio sin precedentes al recibir un goteo constante de personas que abandonan sus países de origen impulsados por el hambre y las guerras, que son fruto en muchos de los casos, de políticas de dominio y explotación dirigidas desde el viejo continente. Se calcula que actualmente viven en España unos 850.000 extranjeros, de los cuales 22000 se encuentran en el País Vasco, aunque resulta difícil dar una cifra exacta debido al creciente número de sin papeles. En cuanto a su procedencia, el colectivo mas numeroso es el de los africanos (magrebíes y subsaharianos) que representan aproximadamente un 25 por ciento de la población extraestatal. Bautizados popularmente con el nombre de Iñaki o Mohamed, su presencia en nuestras calles comenzó a resultarnos familiar a finales de los años ochenta: vendiendo alfombras o con cajas de herramientas repletas de relojes, colgantes y chucherías, los hombros cubiertos de cinturones y estatuíllas africanas en las manos... Así recorre Omar cafeterías y mercados durante todo el día, dedicado a la venta ambulante; aun no tiene regularizada su situación, por lo que se muestra reacio a hablar: me ha costado mucho llegar hasta aquí explica en francés- me gano la vida dignamente, pero prefiero no ser fotografiado. Esta es la tónica general a la hora de tratar de hablar con estas personas: se sienten inseguros debido a su situación de ilegalidad y muestran una lógica desconfianza al ser abordados cámara en ristre. El camino más directo para establecer contacto siguen siendo hoy por hoy, las diversas asociaciones y ONGs existentes en nuestra comunidad. La semilla del odio llegó a germinar en El Ejido En julio de 1993 se constituyó legalmente la Asociación Afrovasca de Bilbao con el objeto de prestar apoyo moral, material y jurídico a los inmigrantes subsaharianos, así como luchar contra la xenofobia y el racismo que existe hacia este colectivo. Simón, su portavoz, nos recibe en la oficina que comparte con otras organizaciones ecologistas y pro-Derechos Humanos en el antiguo edificio de la bolsa, en la capital Vizcaína. La pared esta adornada con fotografías del equipo de futbol de la asociación y un cartel colgado sobre la mesa del ordenador advierte que Entre Europa y África media algo más que un estrecho. Media sobre todo una actitud... Nuestro interlocutor conoce de primera mano la verdad que encierran estas palabras, y no se hace de rogar cuando le pedimos que nos cuente su historia: Simón Emmanuel Kelbaba abandonó Camerún en mayo de 1991, entonces contaba con 18 años y era un estudiante de Ciencias Humanas de la Universidad de Yaounde que participaba en protestas estudiantiles a favor de la democratización del país y la concesión de becas que permitieran estudiar a los mas pobres. La respuesta del gobierno ante estas demandas fue una brutal oleada represiva durante la cual se sucedieron las detenciones; algunos estudiantes fueron asesinados. Simón tuvo que salir de su país sin apenas tiempo de preparar el viaje: estaba fichado por la policía y, temiendo por su vida, dejó atrás familia y amigos, en un éxodo que le llevaría a atravesar caminando África Occidental hasta llegar a Europa. A lo largo de su viaje desempeñó todo tipo de trabajos con los que iba pagando su sustento diario: En Nigeria descargó sacos de cacahuetes durante dieciocho días seguidos y en Guinea fue acogido por una familia de pescadores, de la que aprendió sus primeras palabras en español. Su único objetivo era llegar a un país en el que se le permitiera seguir estudiando. Tras largos meses consiguió llegar a Marruecos donde se embarcó como polizón en un carguero que lo llevó a Barcelona, ciudad en la que Simón vivió uno de los episodios mas amargos de su vida: Allí la situación de los emigrantes puede ser insoportable recuerda- la policía se dedica a putearte continuamente y la tercera detención en el transcurso de un año fue la gota que colmó el vaso: en aquella ocasión iba a salir con unos amigos y cogí un taxi a la puerta de casa, entonces ví que un coche de policía que estaba aparcado se ponía en marcha detrás de nosotros... Diez minutos después y en una zona muy concurrida de la ciudad, la patrulla se cruzó delante del taxi y los policías se bajaron con las pistolas en la mano: me sacaron a golpes delante de multitud de personas como si fuera un criminal peligroso... Yo nunca he cometido ningún delito y mi único pecado era ser negro y no tener los papeles en regla... En comisaría le fue abierto un expediente de expulsión que fue suspendido por orden judicial un mes después. En febrero de 1993 llega a Bilbao tras conocer a la que después sería su mujer, Carmen: En el País Vasco las condiciones de vida para los inmigrantes son mejores que en el resto de España reconoce Simón- aunque aún quedan muchas cosas por hacer... Hace pocos días, sin ir más lejos, en un restaurante se negaron a servirme por ser negro... Le puse una denuncia al dueño y estoy esperando que salga adelante. Nueve años después de que abandonara su país y con todos los papeles en regla desde hace apenas un año, Simón no ha renunciado a continuar estudiando, aunque se encuentra con serios problemas para acceder a la Universidad: El tercer mundo necesita educación, no dinero afirma- muchos de los africanos que vivimos aquí lo único que queremos es tener acceso a una formación que nos permita volver a nuestros países para combatir la injusticia que se vive en ellos se encoge de hombros- nadie se marcha de su casa por gusto. Al preguntarle acerca del alto numero de subsaharianos implicados en asuntos de droga, Simón contesta que la falta de salidas impulsa a algunos a caer en el mundo del trapicheo: yo soy el principal interesado en que se acabe con esa delincuencia porque la imagen que estan jodiendo es la mía se lamenta-, pero las puertas de la delincuencia y la cárcel son las únicas que siempre estan abiertas y hay quien esta interesado en que esto sea así. duda un poco antes de continuar- Es como lo de hace unos meses en El Ejido: el gobierno del PP hace tiempo que viene sembrando esta semilla... y los frutos han comenzado ha germinar. ¿Quién es responsable? Yo no quiero marcharme de aquí El caso de Rachid puede resultar familiar a muchos jóvenes españoles mayores de 25 años: a este ingeniero informático se le acabaron las prórrogas de estudios a los 27 años. El problema es que en Argelia no hay límite de edad para cumplir con un servicio militar que dura dos años y que constituye la primera causa de mortalidad entre los jóvenes de aquel país. En este caso, su condición de insumiso llevó a este joven Bereber hasta Mauritania donde conoció a una mujer vasca que le animó a venir a nuestro país... cinco años después Rachid sonríe en un conocido café del casco viejo de Bilbao. Como todos los domingos, ha subido al monte Pagasarri y mientras hablamos se repone de la caminata con un vaso de vino tinto: No quiero marcharme de aquí afirma nada mas empezar-, he estado en otras ciudades, pero la acogida en Euskadi ha sido magnífica. Además, se come mejor que en cualquier otro lugar. Tras un año en espera del permiso de residencia, cursó dos años de doctorado en la escuela de ingenieros mientras impartía clases en un colegio francés. A pesar de la buena acogida social, afirma haberse sentido menospreciado por las instituciones, no hacían más que ponerme pegas se lamenta- y en vez de ayudarte, parecen que sólo intentan buscar razones para que no te quedes. Actualmente es profesor en un colegio de Gurutzeta (Vizcaya): doy clases de matemáticas, francés... soy polivalente. Tras haber vivido en Madrid y Barcelona, Rachid dice encontrarse mas seguro en el País Vasco, a pesar de todos los tópicos; Siendo vascos casi todos sus amigos, la convivencia no ha supuesto ningún problema para este joven: si tienes afán de integración y deseas superarte, la gente te acepta enseguida reflexiona-, pero por parte de las autoridades estatales y autonómicas se ponen muchos inconvenientes; al gobierno español se le nota mucho de dónde proceden sus postulados ideológicos, además supongo que recibe fuertes presiones de la Comunidad Europea para que continue con su política de impermeabilidad hacia la emigración... A pesar de haber encontrado un nuevo hogar entre nosotros, la distancia puede minar hasta la moral del más optimista. Rachid confiesa deprimirse a veces porque lleva cinco años sin ver a los suyos y no confía en poder volver a Argelia, dado que su condición de insumiso no es prescriptiva: La relación con mi familia es siempre telefónica, aunque hace poco mi madre pudo venir a visitarme explica- ahora tenemos a uno de mis hermanos, que con 24 años, se encuentra en la misma situación que yo cuando acabé la carrera: debe incorporarse al ejército en breve y estoy haciendo todo lo posible para que venga a vivir conmigo. En esta situación, el precio del visado constituye un grave problema, pero Rachid no pierde la esperanza: creo que mi hermano estará conmigo antes del 2001. El rey de Marruecos habla de libertad mientras el pueblo se muere de hambre Por mediación de Rachid, logramos ponernos en contacto con otro bereber, aunque en este caso de Marruecos, el país de origen de la mayoría de los extranjeros que residen en España. Khalid Amzir era estudiante de Ciencias Económicas, hasta que fue expulsado de la Universidad por formar parte de un grupo organizado a nivel estatal que trabajaba por los derechos de los estudiantes. Siempre había considerado la emigración como una forma de huír de las propias responsabilidades; sin embargo una vez mas, la presión a la que se vió sometido le impulsó definitivamente a aceptar la ayuda de un hermano que vivía en Madrid y aun actuando en contra de sus principios, abandonó su país en abril del 91. La construción, la venta ambulante y el trabajo en una fábrica de cerámicas constituyeron su sustento en Madrid durante tres años, hasta que tomó la decisión de instalarse en Bilbao donde colaboró desde el primer momento con diversos movimientos sociales, fue liberado de SOS racismo de Vizcaya, organización a la que continúa vinculado ahora que regenta junto con cuatro socios el Berebar, un restaurante típico norteafricano: intentar aprender euskara fue desde el principio una prioridad para mí explica en perfecto castellano mientras prepara un té de hierbabuena-, a pesar de su dificultad llevo un año estudiándolo. Creo que la integración debe ser voluntaria y total, esto implica el respeto y el conocimiento del lugar en el que vives, y si no, mejor te vuelves a tu país. A sus 36 años y en relación a sus estudios de económicas, Khalid sabe que tiene que renunciar a ellos de momento, la pobreza en la que vive su familia le obliga a ciertos compromisos y una gran parte del dinero que gana esta destinado a los suyos: hay obligaciones que estan por encima del desarrollo intelectual personal afirma- y últimamente incluso he pensado en regresar a mi país a luchar por los cambios democráticos. A nadie debe engañar la falsa imagen de apertura que quiere vender el gobierno de Marruecos de cara al exterior continúa con vehemencia- allí la libertad no existe, el Islam es una religión impuesta y el rey es intocable; se trata de un país con grandes recursos que estan en manos de unos pocos, mientras el pueblo se muere de hambre. Además, la emigración supone un alivio para el régimen, al que no le importa que cientos de personas mueran cada año tratando de cruzar el estrecho de Gibraltar, ni que sus súbditos sean tratados injustamente, como hace poco en El Ejido; ¿acaso hubo alguna queja del gobierno marroquí por aquellos graves incidentes..? la respuesta es no sentencia. La receta que Khalid propone para para una integración plena, precisa de tiempo y buena disposición aunque no es imposible de preparar. Según él, la búsqueda de una convivencia real pasa por apelar a la responsabilidad de las instituciones, que actualmente se limitan únicamente a poner parches para tapar situaciones embarazosas: Es necesario cuenta con los dedos- favorecer el respeto mutuo mediante elementos integradores, sensibilizar a la sociedad e implicar al colectivo de extranjeros. Con esto no quiero decir que sea partidario de defender ciegamente a todos los inmigrantes por el simple hecho de serlo: esto es un error, ya que eso conduce a la discriminación y el rechazo. Se trata de mostrar claramente al recién llegado cuales son sus derechos y sobre todo, sus Obligaciones, con mayúsculas. Porque hay quienes se escudan en su condición de inmigrantes para comportarse de forma irrespetuosa con la sociedad que los acoge, y esto no se puede permitir. En resumen: el comportamiento del recién llegado debe ser ejemplar, de este modo se consigue el respeto de quienes te acogen y es entonces cuando puedes reclamar que se cumplan tus derechos plenamente. |