Informe Piramidal
Por J. Acosta (Octubre 2003)

Informe Moruno/Uno
El prefacio

Acaba Agosto, y con él, para casi todos, la oportunidad de escurrir el verano… y el bulto.

El Fin: África. El origen del hombre, y probablemente, de la vida "superior". El lugar al que siempre se vuelve: es fácil imaginar a nuestros homínidos ancestros descubriendo por primera vez su rostro en las aguas claras del Nilo. Y, probablemente, atusándose su hirsuta pelambre al unísono...

Como es difícil conciliar fechas y presupuestos, nos "conformamos" con Marruecos…

Los Medios: -Un "palanquín" rodante, capaz de llevarte (y, mas importante, traerte…), rodando por sobre infames carreteras, con baches mayores que el cráter del Ngorongoro, y capaz de asimilar combustibles auténticamente fósiles que a veces brotan de surtidores aún manuales…

Cuatro amigos en la treintena -desparejados- con un interés común por la cultura. Especialmente la de pasarlo bien. Ánimo elevado, aunque confusas las ánimas…

Salimos al atardecer de Madrid, con la intención de hacer noche en Málaga. En Despeñaperros, nos sorprende una inusual trompa de agua capaz de despeñar-osos. Primer y único incidente circulatorio del viaje. Me como "…una piedra del camino"(...)…después, me dijo un arriero… digo… el empleado de la siguiente estación de servicio, que habíamos pinchado, mientras mentalmente ya calculaba el capullo el monto de una eventual reparación. En el último momento recuerdo que soy mecánico, pongo cara de perro (despeñado), soluciono el asunto, y no volvemos a tener problemas.

En Málaga nos estafan en un motel de carretera, y por la mañana la gente se rasca la coronilla frente a nuestra ventanilla, incapaz de explicarnos lo "lejísimos" que está el puerto cuando casi vemos las chimeneas de los ferrys.

La singladura hasta Melilla es larga, y en ella aprovechamos para aprender/ensayar, a 3 voces, "hermani,hermani, pásame una culete: pááá-sa-luuu, que espalme-altoo, pá-sa-lu, que espalme bien.": Es inútil. La cosa apenas ha evolucionado desde Atapuerca, y nuestras mentes y nuestras voces se confunden.

En Melilla recogemos a la ninfa A. En realidad nos recoge ella a nosotros: "A" es oriunda e indígena -más no antropófaga- del lugar. Nos guía por las mejores tascas, y allí si que parecemos caníbales todos.

Visitamos un mercadillo plural, donde curiosamente todo se escribe en singular. En un cartel puede leerse: "braga-a-tré-euro". A destacar unos pocos edificios coloniales, y un promontorio fortificado, presidido por un tal Pedro Estopiñán, que posa orgulloso... y longevo, pues una inscripción reza 1470-1914!!!!

"A" nos explica que los cañones del promontorio sirvieron para delimitar el territorio de la ocupación española: allí hasta donde llegaron, agotadas, las andanadas de nuestra paupérrima artillería. Apenas 12 Km. cuadrados. Me da por pensar que Busch trata de aplicar el mismo método ahora…
A la mañana siguiente pasamos la frontera, pegándonos la primera "jartá de reír", cuando A, que pregunta y anota: marca?, Mitsubishi, modelo? Space… modelo?... Space… y no hace más que eso, dejar y dejar "espacios" en blanco, a la espera del auténtico y esperado modelo… “A” es tan indiferente a los coches, que un día fui a buscarla en un Mercedes SL descapotable/despampanante, y a la vuelta se paró delante de un Opel corsa dispuesta a subirse en él. Eso sí, ¡del mismo color idéntico! Cruzamos frontera pues y empezamos verdaderamente nuestro viaje…

Informe Moruno/Duo
El Epílogo

No llevábamos ruta ni plan. Decidimos, sobre la marcha, atacar directa y perpendicularmente hacia el interior, perdiéndonos, literalmente, por carreteras de montaña inverosímiles: veeenga kms y kms.

"A" se muestra imbatible con el "heer-maa-niii..", pese a que acaba de oírlo por vez primera. Paramos de vez en cuando, con la ilusión, vana y baldía, de encontrar algún baño como Dios Manda.

Poco a poco, la fisonomía del paisaje y de la gentes va evolucionando… o involucionando? Diferentes colores, edificios (por llamarlos de alguna forma), e incluso "palanquines" burriles diferentes, con toldos y todo, según avanzamos hacia el desierto mismísimo.


También la fisonomía de nuestros rostros ha cambiado cuando arribamos a Marraquech, nocturnos y alevósicos. Atinamos a la primera en un hotel muy majete, frente a la principal mezquita. Aún tenemos tiempo de cenar magníficos y recorrer la plaza de Jmaa el Fna. Auténtico hervidero y mezcolanza de gentíos, olores, comerciantes, y zumos de naranja. Miro en derredor por si vislumbro a Juan Goytisolo: hay que echarle huevos para querer vivir allí. Rectifico: no, para querer no, pero si para hacerlo, de hecho…

La ninfa M, siempre animosa y utópica, se resiste a pernoctar y quiere buscar un garito de jazz: ??

A la mañana, partimos rumbo a Essaouira, nuestro destino final: hemos burlado las altísimas temperaturas de Marraquech, más no su encanto. Bordeamos los jardines del Mamounia, del que guardo un recuerdo imborrable (tanto en mi corazón como en mi cartera…)

Debe ser día de ferias: los pueblos importantes están engalanados, con infinitos puestos, carreras de caballos, y todo y todo… Las carreteras se diría que son aún peores, si cupiera. Las cámaras atentas: Cuando ves acercarse hacia ti la imagen de un vehículo, es divertido adivinar si se trata de cinco moros en el asiento delantero(!!) de un utilitario...una vaca como de puntillas en el maletero abierto de un Peugeot (verídico), o un camión cargado infinitamente y tapado con una lona hasta parecer talmente un dirigible aerostático en vuelo rasante…

Los adelantamientos se suceden al ritmo de una película documental, dándonos a vivir una imagen irreal, o mas bien surreal: Sólo sus miradas, clavadas por un instante, confirman que estamos aquí y ahora.

Por fin, El Mar. La antigua Mogador, ahora Essaouira. Antigua ciudad y puerto, codiciado desde siempre por Piratas y Almirantes. La mezcla cultural y arquitectónica es evidente y riquísima.

Nos instalamos en una suite de las mil y una noches, aunque a la vista del precio solo reservamos, precisamente, la una, aunque luego cederíamos el resto. La terraza casi intima con la playa, kilométricamente infinita.

Lo primero que hacemos es recorrerla (la playa, no la terraza), dejándonos arrastrar por un viento fortísimo hasta un "cacho de castillo" (sic) que se acuesta sobre la arena, oblicuo… y casi diría que ubicuo, respecto al del final del planeta de los simios (malditoos seean...).

Todo está lleno de surfistas (no confundir con sufistas, o sufíes, de los que no vi ni rastro). Para desayunar, "homologamos", por toda la estancia ya, un chiringuito de playa donde nos sirven pantagruélicamente por casi el precio de un simple café-bebío de occidente.

Sólo estuvimos tres días. Pero todos nos llevamos, creo, la sensación de poder quedar allí,"at infinitum", recorriendo esas murallas, desayunando en esa playa, saturando nuestros sentidos hasta casi distorsionarlos en su puerto, en su zoco. Sintiendo sus músicas y sus aromas, retozando sin prisa los cuatro al despertar, felices. Observando a B, que parece haber nacido para lucir su recién adquirida chilaba, a las ninfas “M” y “A”, que rebuscan y revuelven alfombras o joyas o vestimentas, que degustan sus manjares; incluso, escudriñando el espejo para reconocer al paisano que los árabes dicen ver en mi mismo... creo que… efectivamente, algo de ellos, muy fuerte, se instala para siempre entre nosotros. O ya lo estaba... hummm...

Como contrapunto, añadiría -o suprimiría- la pesada vuelta compitiendo con todo el Magreb que vuelve a Europa, una celda inmunda con ventanuco y fauna autóctona y todo en una Axilá por lo demás bella, la pesadez de Trasmediterránea repitiendo “no fumar” hasta casi provocar ganas de hacerlo…

Un beso a todos. Crónica escrita a instancias de “A”, que ilustra sus libritos como nadie…

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