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Informe Piramidal 1. Estoy en El Cairo. No hay duda, los taxistas parecen competir en Montecarlo, y se comunican en un Morse ininteligible de pitidos. No he podido aun ducharme honradamente, por falta de liquido, y me dicen que es muy raro… ya que solo vespertino suele ausentarse. La casa cierra con un candado y el ascensor duda y se queja, si es que acude. A cambio, tiene grifos de oro y sillones Luis XV... plastificados. El Egipto faraónico sobrecoge e hipnotiza, nos perdemos en la tripa de La Gran Pirámide. Anoche, El Cairo Islámico, khan al jalili, todos los puestos hirviendo a las 2 AM. Magnana (el teclado no tiene egnes) viajamos a Alejandria. Besos. Informe Piramidal 2. Una cosa si sabemos: Ahora, primer momento relajado en todo el día. La bailarina sale un rato a noseque. Alejandría, como pasa un poco con todo el país, asombra
pero decepciona. Es aun mas pobre, si cabe. Exploro las catacumbas en solitario, no tengo miedo a los muertos, y allí tengo ocasión de arrepentirme de ser tan alto, pero no lo hago. Todo esta plagado de esfinges y esfingitas que se me antojan antepasados de Oliver, por el mismo gesto adusto que mi can. Saliendo de la estación, encontramos un gentío interminable y vociferante. Cada uno grita, chilla una palabra cuanto puede. Es el nombre de algún pueblo, y buscan saturar su furgoneta hasta allí. Nadie piensa en anunciar su destino por escrito. Dice "M", pero no la oigo, que ese es un día tranquilo. Yo respondo que entonces lo que yo tengo no es miedo, mientras dos coches pasan a cada lado disparados, como en Grease. Tomamos el metro por curiosidad. Pago los billetes con uno de a libra,
cinco duros, y me devuelven tal manojo de otros billetes que yo renuncio
a contarlos. Los vagones son unisex, para poder eludir el roce. Pero
no eludes los claxon, el conductor abusa de uno proporcionalmente
a su tren. Cuando emerjo, me doy cuenta que desde que llegué
a este país, casi no olfateo lo que respiro, y la apnea ya
me duele. Ya esta aquí "M". Informe piramidal 3. "M" marchó ayer en la madrugada, mi tarifa exigía pasar seis noches y no hice esfuerzos para cambiarla, sabiendo que necesitaría descanso… Recorrimos El Nilo (reentiéndaseme, un pedacito) en una faluca, guiada por un faluquero, o faluco o faluqueador, con los pies mas duros que los de Cristo. Fiesta de despedida en uno de los sitios mas chic, donde, ojopláticos, hacen coro innato para verla bailar, un grupo increíblemente bueno toca una música de Malí fusionada con jazz. En los intermedios suena el Aserejé y ese tipo de cosas… Llevo a "M" al aeropuerto. Bueno, nos lleva el único taxista correcto de cuantos hemos cogido estos días, fácil más de 30. Va a toda leche, como todos, pero el coche esta casi limpio y exento de fetiches religiosos. El salpicadero brilla, ausente de tapizado borreguil. Pone a Manolo escobar, y va regañando las maniobras incorrectas (todas) de los otros vehículos con el índice de una mano. Con la otra toca el pito!!!! Pertenece sin duda a la minoría cristiana. En el aeropuerto, es difícil imaginar el estupor de los infinitos guardias de seguridad, ante una chica palestina y decidida a embarcar con una cimitarra/excalibur que es casi tan alta como ella misma y que literalmente funde los pitidos esos de los coj… Esa es otra. Está todo plagado de poli/cidas, como les llamo yo en griego. Hoy, formaban un cerco infinito en torno a la embajada americana. Parece ser que han compensado (chantajeado) al estado, para que apoye la guerra, siendo como es puente geográfico y cultural. Repugna. Así pues, al Pairo todo el día, solo y sin rumbo. Intento coger un taxi, pero no entienden que es el egyptian museum, ni siquiera cuando lo escribo en la pantalla del móvil. Hay que joderse. Decido seguir mi vieja táctica de hacer círculos concéntricos cada vez mayores, de manera innata e involuntaria. El último taxista que inquiero me sigue a paso de tortuga, humana y curiosa, formando un atasco monumental, pero el tío no renuncia. Se adelanta, deja el taxi y pregunta a otros viandantes como él, y me escolta empedernido. Tampoco deja que otros taxistas se acerquen a mi, soy su presa. Tras media hora, quizá, levanto la testuz al chocar con un imponente edificio salmón, lo señalo al escolta y él no para de golpearse la suya, testuz, y balbucear algo en árabe. Le pago lo habitual para que no me escolte dentro. Allí paso prácticamente el día, y eso que no soy muy amigo de los museos. Digamos que nos respetamos mutuamente. Gorroneo explicaciones mexicanas, hasta que me miran mal. Flipo con los objetos, los sarcófagos, lo incomodo que debe ser un trono todo de oro, y no digamos llevar todo el día, bicéfalo, una cabeza de buitre y otra de cobra, colgándote de la frente. Todo para acabar como cualquiera, reducido a cenizas, le digo a la momia que preside todo aquello… Bueno, un saludo de perfil. Cierro el teclado sin acentos ni egnes:
Haré las maletas y me despediré del Nilo... Artículos |