ORCHESTRE NATIONAL DE BARBES

En casi todas las grandes capitales europeas existe una zona dentro de la cual parece que en lugar de encontrarnos en el corazón del viejo continente estamos en un pequeño rincón de África o de la India o del Caribe.

Barbés es un barrio de París, situado a los pies del Sagrado Corazón, sus calles están llenas de restaurantes de cus-cus y bares cargados de humo donde el tiempo transcurre lentamente entre partidas de dominó y música oriental que transmiten a todo volumen las antenas parabólicas de televisión. Gente proveniente de todos los pueblos de Africa tienen allí su pequeño refugio y no es raro cruzarse con la popular reina del rai Cheikha Remitti regresando a su hotel o a músicos con su instrumento a cuestas que se prodigan lo mismo en bodas que en cafés En medio de ese ambiente se encontraron las personas que más tarde formarían la Orquesta Nacional de Barbés.

Todo sucedió al final del 1995. Por aquel tiempo se reúnen músicos experimentados, algunos incluso con discos de éxito grabados en solitario y deciden formar un grupo que reúna la riqueza sonora de Africa incluyendo tanto el norte como las tierras que empiezan a partir del desierto del Sahara, haciendo hincapié en los ritmos más festivos y tomando como base la tradición para adaptarla a los sonidos de hoy.

Su primer disco fue una grabación en directo que se editó en 1997 con el titulo de “En Concert”. Sus actuaciones en vivo se sucedían en los principales escenarios de Europa y América y de forma vertiginosa tanto el público como la crítica advierten estar sin ninguna duda ante la revelación del año. Sin recurrir a técnicas de marketing, la popularidad del grupo, gracias al boca a boca y a la fuerza de sus presentaciones, crece hasta llegar a límites insospechados y consiguen vender más de cien mil ejemplares de su disco de debut.

Por increíble que parezca la Orquesta Nacional de Barbés mezcla todos los estilos y lo hace a la perfección y con gran maestría. Estilos magrebíes como la música gnawa que cantaban antiguamente los descendientes de esclavos negros que se instalaron en Marruecos,el chaabi o canción tradicional típica de Argelia, la música andalusí, la música de la Kabilia, el rai, el soukous zaereño, el zouk antillano, el reggae, el funk, el rock o el jazz son elementos utilizados que ensamblan a la perfección en esta asombrosa formación que quiere desdramatizar la emigración hermanando sonidos, danzas e instrumentos de oriente y occidente.

Su segundo disco se titula “Poulina” que quiere decir polen y ha sido grabado en estudio. Con el vuelven a ofrecernos otra prueba de la fertilidad de los géneros musicales que su planteamiento valiente y sin complejos les permite revisitar. Sus conciertos espectaculares seguirán contribuyendo a que su mensaje musical quede grabado de forma especial en nuestros corazones.

“POULINA” (POLEN)

Su segundo trabajo realizado en estudio comienza con la canción que da título al disco “Poulina”. Es un homenaje a Cheikha Djenia, venerable precursora del rai, comienza con una introducción de fondo donde suena una flauta tradicional que se llama “gasba” y que deja paso rapidamente a una mezcla donde se juntan los sonidos ancestrales de Orán con los ritmos jamaicanos.

Sin tiempo para respirar comienza el tema bereber “Ourar” que recrea la atmósfera de una fiesta en una aldea kabil. La melodía y el ritmo cuatro por cuatro resulta irresistiblemente bailable.

El tema “Lemouima” recuerda a la reina del rai Cheikha Remitti y el sonido de Orán con su ritmo beduino “alaoui”.

Después llegará “Touba” que es una vuelta a la canción popular que nació en la casbah de Argel, género conocido como “chaabi”, que gana en profundidad al cantarse al estilo sahariano.

“Jabarino” es un clásico tema “gnawi”, que es el estilo creado por los descendientes de esclavos negros que se instalaron en Marruecos, y que con el sonido de las voces y el protagonismo invita al trance.

“Meli Ana” es otro ritmo “alaou” mientras que “Yahli” es un ritmo chaabi cargado de nostalgia en recuerdo del viejo Argel.

El disco termina con tres temas llenos de variaciones, donde aparecen las cadencias “gnawi” sabiamente orquestadas y con protagonismo de la percusión y de las particulares voces de los cantantes de la Orquesta Nacional de Barbés.

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