Los primeros pasos del cine egipcio

La primera proyección de una película en Egipto fue el 5 de Noviembre de 1896 en uno de los Halls de Tusun Pasha, en Alejandría. Un poco después, en el mismo mes, otra se proyectó en El Cairo, en el hall del hammam Schindler cerca del Shepheard’s Hotel. No había pasado un año desde que ese arte había nacido en Paris el 28 de diciembre de 1895.

Cono en muchas otras cosas en la historia de Egipto, la geografía jugó un papel crucial. Emplazado entre oriente y occidente, entre Europa y Asia, con los flancos oriental y occidental del mundo árabe, Egipto a finales del siglo diecinueve fue un lugar de encuentro para la cultura europea que cambiaba a toda velocidad y las milenarias filosofías y culturas orientales. Al mismo tiempo, árabes del medio oriente, procedentes de Palestina, Siria y Líbano que estaban en Egipto fundaron periódicos, compañías de publicaciones, grupos de teatro y compañías comerciales. El resultado de todo esto fue un renacimiento cultural, en el que el cine, que fundía pasado y futuro tenía que prosperar.

La evidencia de la influencia del cine en la sociedad egipcia está reflejada por el escritor Yahya Haqqi, cuando hace mención de su niñez en la primera década de la centuria:

“Crecí en una familia enamorada del cine, tanto los jóvenes como los mayores. A la hora de la cena, la conversación nunca dejaba el tema de las viejas películas, las actuales, y las que se iban a proyectar; los nombre de los actores en Italia, Alemania y América, y las comparaciones entre ellos. Yo esperaba impaciente el jueves porque era el única día que se me permitía ir al teatro a ver películas, y lo esperaba desde el viernes por la mañana, contando los días y las horas, esperando que pasase toda una vida en un parpadeo.”

Las memorias de Haqqi son sobre películas extranjeras. El cine egipcio era todavía un sueño, incluso para algunos, un sueño imposible. En los primeros años, para los egipcios amantes del cine, importar el equipo necesario, construir estudios y equipar los teatros era casi imposible. Los principios del cine egipcio consistieron solamente en cortometrajes sobre eventos como el funeral del líder nacionalista Mustafa Kamel (8 de agosto 1909), o la partida oficial de la caravana del Hajj en la peregrinación a la Meca (octubre de 1912), e incluso esos cortos fueron realizados por extranjeros.

No fue hasta 1923 que un egipcio, Mohammad Bayumi, produce y dirige un noticiero cinematográfico, También fue también el primero en dirigir y filmar un cortometraje de ficción, Al-Bashkateb (El oficinista principal, 1924), su presupuesto fue de 100 libras egipcias. Duraba exactamente 30 minutos, y cuenta la historia de un oficinista que se ve envuelto en una relación con una bailarina, se apropia de dinero indebidamente y termina en prisión, un tema que fue repetido en muchos filmes durante los siguientes setenta años.

En 1927 Aziza Amir produce e interpreta un largometraje llamado Layla, el primero de este tipo financiado por capital egipcio. La película fue estrenada en el teatro Metropole, en el Cairo, y Aziza Amir recibió una ovación del público en pie. “Espero que este crecimiento se convierte en una luna llena” dijo Ahmed Shawqi, el príncipe de los poetas. El periódico “Al Ahram” se preguntaba si podría Egipto en unos pocos años construir una ciudad como Hollywood, en Imbaba, en el noroeste de El Cairo? Con esta película, continuaba el arículo, Amir había iniciado el proyecto de dar vida al cine Egipcio. “ Imbaba competiría con Hollywood” decía, “Quizás Dios haga realidad estas esperanzas”.

Talat Harb, fundador del banco Misr y uno de los que contribuyeron a desarrollar la economía moderna egipcia, evitó dejarse arrastrar por el entusiasmo general. Era de la opinión de que Egipto tenía todavía que aprender las bases del séptimo arte y una vez que las dominase comenzar la producción de largometrajes.

Manteniendo esta filosofía, no fue hasta 1936 que Talat Harb dio luz verde a su estudio para producir un largo. En este periodo intermedio, los estudios egipcios producieron cuarenta y cuatro películas, heraldos del gran desarrollo que estaba por venir.

Una industria considerable comenzaba a crecer enfrentándose a tremendos obstáculos: una poco común y persistente tendencia a la súper simplificación, dando mas importancia a la cantidad que a la calidad; la censura y sus tres tabúes, política, religión y sexo; la nacionalización de los estudios y teatros en los años sesenta; y el declive de los teatros frente a la televisión, que era patrocinada por el estado. La nacionalización y la televisión juntas forzaron la sumisión de la imagen animada.

A pesar de todos estos factores en contra, el cine egipcio consiguió resistir, e incluso crecer. Gracias al cine, el dialecto egipcio se ha difundido por los países arábigo parlantes. El cine egipcio sobrevivió sobre todo porque a través de los años ganó el corazón del pueblo egipcio y alimentó sus sueños.

Basado en el libro de Mustafa Darwish “Dream Makers on the nile, a portrait of egyptian cinema”

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