Dougga

Domingo 2 de junio 2019, Dougga – Kairouan

Amanecimos súper temprano, yo no pude dormir casi nada, me desvelé y miré el despertador cada hora desde las 3:30 de la madrugada, que horror… necesito café, mucho café…

Bajamos a desayunar a las 7, pero a esa hora no había más que una persona durmiendo en los sofás de la recepción, así que muertos de risa intentando no hacer ruido nos volvimos a la habitación, un ratito más tarde bajé y la misma persona que dormía en recepción nos había preparado el desayuno.
¡¡Mas risas!! Teníamos un huevo duro y yo le decía a Adolfo, saboréalo bien, que ¡es lo único caliente que vas a comer hoy!

El taxista no se presentó, así que después de darle un tiempo de cortesía nos fuimos a buscar a otro que quisiera llevarnos, y dimos con un señor muy tranquilo y de pocas palabras.

Dugga es de las ruinas romanas más impresionantes que he visto en mi vida, es una ciudad completa, donde las calzadas de piedra están casi perfectas, se conserva la parte inferior de los muros de las casas, algo que no he visto en ningún otro sitio, se pueden apreciar las calles e imaginar fácilmente como era la vida en la ciudad en sus tiempos de esplendor incluso para gente no entendida como nosotros.

El enorme teatro está prácticamente entero, con la grada completa y muchas de las columnas de su frente escénico, incluso tiene las teselas originales que pavimentan la escena.
Me impresionaba y sobrecogía estar pisando ese suelo de brillantes teselas blancas perfectamente colocadas como si fuera ayer y esas calzadas de piedra de 2000 años de antigüedad, cuanta gente ha estado allí en estos 2000 años, cuantas vidas habrán visto pasar esas piedras silenciosas…

La joya de La Corona del lugar son los foros y el templo de Júpiter, donde se aprecia el esplendor y riqueza que tenía la ciudad.
Estar allí prácticamente a solas y en silencio es una experiencia muy especial, supongo que se habrán conservado tan bien por estar en un sitio tan apartado fuera de los circuitos turísticos multitudinarios.

A todo esto, estuvimos pensando irnos a una ciudad mas grande, donde hubiera mas posibilidades de encontrar restaurantes, al menos por la noche, así que decidimos salir esa misma tarde para Kairouan, una ciudad mas grande y turística que pequeño pueblo EL Kef.

Cuando regresamos a El Kef preguntamos por el transporte a Kairouan y nos dijeron que saliéramos pronto porque con el ramadán y el calor luego iba a ser difícil encontrar un coche que nos llevara.
Así que lamentablemente no nos dio tiempo a ver la kasba por dentro ni nada. Pero hicimos bien, porque había pocos coches en la estación de louage.

Nos llevó un señor súper majo, que iba a Sousse a por familia para celebrar el final de ramadán, tenía prisa y fuimos solos los tres en la camioneta, cuando vio que hablaba árabe se puso súper contento, me explicaba cada pueblo por dónde pasábamos, se sorprendía cuando le decía alguna palabra un poco rebuscada y lo celebraba con alegría.
Un coche pinchó una rueda delante nuestra y dije “miskín…” que significa “pobrecito…” y él encantado decía “ooooh miskin!!!“

Al final le pidió el Facebook a Adolfo para estar en contacto con nosotros, decía que la próxima vez nos llevaría a comer carne y cosas ricas, que ahora con el ramadán no podía invitarnos.
Me llama la atención que aunque hablaba conmigo todo el rato, porque Adolfo no habla árabe ni francés, le pidió el contacto a él, por respeto, al ser yo una mujer se vería muy raro en esa sociedad pedirme el contacto a mi.
Paró en la carretera a comprar albaricoques y nos regaló una bolsa, la gente de Túnez nos está gustando mucho, en general son súper amables, educados, tranquilos y serviciales.

En Kairouan había muy pocos hoteles donde reservar, lo hicimos en uno de los más económicos que encontramos por internet y resultó ser un hotelazo con piscina y todo!! Me encanta el glamour 🙂
Luego nos dimos cuenta de que casi todos los hoteles estaban cerrados, por eso no había otra cosa, hemos venido en un momento nada turístico, parece que en toda la ciudad somos menos de 10 los viajeros aguerridos que estamos alojados en la ciudad, temporada súper baja lo que nos da la oportunidad de disfrutar de un hotelazo.

Al anochecer nos dimos una vuelta por la Medina, pensábamos que Kairouan al ser una ciudad más grande tendríamos más posibilidades de encontrar restaurantes por la noche, pero no fue así, es increíble, era un lugar fantasma, solo estábamos por la calle Adolfo, yo y tres gatos callejeros que nos miraban sorprendidos.

Después de dar un paseo por la Medina al anochecer nos fuimos al hotel la kasba, un lugar precioso en un edificio histórico, en recepción preguntamos si había algún restaurante abierto, nos informaron que no había en toda la ciudad, todo estaba cerrado incluso por la noche, excepto los cafés.
Eso es increíble; no hay opción, se nota que en este país el ramadán se vive de forma muy familiar, la gente rompe el ayuno en familia y luego los hombres (este es un mundo de hombres) salen a tomar café y fumar a los cafetines, por lo tanto solo puedes encontrar café, té y pasteles, olvídate de las chuletitas a la plancha.

Finalmente cenamos allí mismo, en el hotel la Kasba, tenían un bufé libre y el precio no era descabellado ¡¡¡Incluso tomamos un vinito para celebrar la primera comida caliente del viaje!!!!

Texto y fotos: Alejandra Weil
Mas fotos en Instagram @weilalejandra
Vídeos de los viajes en las historias de Instagram de @alardedanza

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