Sufetula

Martes 4 de junio 2019, Sufetula

Hoy de nuevo madrugón ¡¡volvemos a las ruinas!!
Hemos ido cambiando el plan del viaje sobre la marcha, según lo que nos parecía más interesante y las limitaciones que nos presenta el ramadán.

Pensábamos ir a Sfax, una ciudad costera comercial, pero para encontrarnos una ciudad fantasma con todo cerrado hemos pensado que es mejor visitar cualquiera de las maravillas romanas que ofrece el país, muy muy recomendable para los que les gusta la historia y el arte.
Así que nos vamos a Sufetula, otras ruinas romanas que nos dejamos por el camino cuando vinimos a Kairouan.
¡¡Allá vamos!!

Sin coche, que es nuestro caso, la mejor forma de moverte es en louagge, unas amplias furgonetas preparadas para 9 plazas incluida la del conductor, en Egipto u otros países meterían al menos 4 personas más e irían como sardinas en lata, me sorprende y me gusta que aquí esté tan regulado este sistema de transporte que une todo el país. Incluso las rutas tienen los preciosos establecidos y en algunas estaciones tienes que sacar el billete en una ventanilla.

El viaje de ida se hizo cortito, todavía era muy temprano y no hacía calor.
En Sufetula el conductor nos dejó en una gasolinera y nos indicó que si seguíamos recto por una calle llegaríamos al sitio Romano.
Éramos los dos únicos turistas del lugar, increíble visitar estas maravillas a solas….

No es ni mucho menos como Dougga, pero valió la pena el paseo, todavía hay una parte sin excavar, así que siguen descubriendo partes de la antigua ciudad, nos impresionaron algunos suelos que conservaban fragmentos de los mosaicos originales.
Algunas construcciones fueron convertidas en basílicas en la época bizantina y tienen las pilas bautismales adornadas con mosaicos de motivos florales.

La joya del lugar son los tres templos principales.
La llegada es especialmente emocionante, porque sigues una calzada de grandes bloques blancos y al atravesar un arco de tres vanos te encuentras con los templos en una gran explanada.
En estos lugares sueño, me imagino como era la vida en la ciudad, con sus gentes ocupadas yendo de aquí para allá, con los ropajes de la época, ocupando todos los lugares que veo.. me gustaría saber más de historia antigua e historia del arte para poder ver más allá y entender más cosas, pero aún así lo que veo me sobrecoge.

Toda una experiencia pasar entre los templos por unos arcos de piedra todavía en pie que los unen y parece que los refuerzan.
Más allá de los templos hay construcciones menores, recorrimos todo el sitio, Adolfo se ríe, porque siempre le digo de ir a todos los rincones del lugar con la frase: “ya que estamos aquí…” , no voy a llegar hasta este lugar perdido para que me de pereza dar unos cuantos pasos más y perderme algo que quizás pueda encantarme.

Hemos hecho una parada técnica a la sombra de un árbol para beber agua y comer unas cuantas almendras que harán que aguantemos hasta que podamos tomar algo mas contundente.

Deambulando por los recovecos del parque arqueológico nos topamos con un grupo de muchachos escondidos tras un muro un poco más alto y apartado ¡¡¡bebiendo y fumando!! Escapándose del ramadán, el guarda fue a regañarles con mucha calma y a sacarlos de allí para que cumplieran con el mes santo.

Ese señor luego se nos acerco y nos hizo un montón de fotos frente a los maravillosos templos, ya tenia todas las poses y encuadres pillados y estaba súper contento del reportaje que nos estaba haciendo.
Una persona encantadora y súper educada, se disculpó por los chiquillos como diciendo que claro… son jóvenes… y nos hablaba de lo duro que era el ramadán con ese sol y ese calor.

Posando para nuestro amigo

Por último, vimos el pequeño museo con mosaicos bastante bonitos y nos dispusimos a regresar.
Los policías que estaban en la puerta del museo nos llamaron para que esperáramos a la sombra, por allí no pasaba ni un taxi y el sol estaba más justiciero que nunca…
¡¡Que gente más agradable!! estuvimos de charla un ratito, hasta que pasó un taxi que aunque estaba ocupado, el militar con fusil al hombro y sonrisa luminosa lo paró y le dijo que cuando descargara el pasaje volviera a por nosotros.
Allí vino la serie de preguntas, que si estábamos casados, ya te puedes imaginar que yo dije que si y se lo traduje a Adolfo para que estuviera al loro de la película.
Rápidamente creé una ficción adecuada a la situación: no teníamos hijos porque sólo llevábamos un año de casados y queríamos viajar antes de ponernos a formar una familia. Todo esto contado con mucha risa y broma, fue súper divertido.

El policía estaba tan contento con la charlita que incluso dijo: ¡¡venga!! Que os llevo yo a la estación; pero le dije que no, que el taxista iba a volver, y pobrecito si regresaba y nos habíamos ido, se partía de la risa. Fue un bonito encuentro .

El viaje de vuelta en louagge fue duro; hacia muuuucho calor, llegamos reventados a Kairouan, una vez en el hotel pensábamos salir corriendo preocupados por la hora, si nos entreteníamos mucho quizás no encontrábamos transporte a Sousse y no queríamos pasar otra noche allí. Pero el hambre y el calor nos vencieron y nos quedamos un rato a comer de las cositas que teníamos en nuestras alforjas, tomatitos cherry y queso que supieron a gloria.

Efectivamente el transporte estaba duro, nos subimos a un louagge y aunque esperamos un buen rato no venían más pasajeros, finalmente el conductor nos ofreció la opción de llevarnos a los dos por un precio, aceptamos, era la manera de salir de allí. Todavía teníamos una vez en Sousse llegar a Mahdia, así que no había tiempo que perder.

Este trayecto fue más duro, el aire que entraba por las ventanas era caliente, íbamos cocidos, el viaje de apenas dos horas se nos hizo interminable.
Cuando llegamos a Sousse decidimos por unanimidad quedarnos allí y pasar de Mahdia. No estábamos dispuestos a dos horas más de horno-coche.

Nos fuimos al hotel y nos fuimos a dar una vuelta, en el paseo marítimo encontramos un café abierto ¡¡¡Yuhuuuuuuu!!! ¡¡¡Fiestaaaaaaaa!!! Había lugareños sentados, turistas, e incluso ¡¡¡mujeres!!!
Toda una novedad en estos días, me tome dos deliciosos zumos de naranja, uno me supo a poco.

Esa noche no hicimos nada, la idea era ducharnos y salir a cenar, pero yo mientras Adolfo se duchaba me quedé dormida y a él le dio pena despertarme, estaba muerta…

Texto y fotos: Alejandra Weil
Mas fotos en Instagram @weilalejandra
Vídeos de los viajes en las historias de Instagram de @alardedanza

5 comentarios de “Sufetula

  1. Emilio Valenzuela dice:

    EXCELENTES fotografías y muy buena narrativa. Es como estar en vivo en el lugar.
    Me maravilla lo que fue el imperio romano y la civilización en el norte de África.
    Enhorabuena y gracias por la informacion
    Esperamos más reportajes GRACIAS !!!

  2. Mili dice:

    Ya voy a perder la cuenta con tantas veces que te casas pero eso es parte del encanto de estas crónicas viajeras, tan pegadas a las emociones del paisaje. He sentido el calor y el sol aunque llueve a mares. Y las fotos, maravillosas. Tengo que ir allí y comer almendras.

  3. Lino Martínez dice:

    Cómo siempre, viajar d la mano d tu narrativa es tan agradable como surcar en alfombra x entre los lugares q tus fotos nos muestran.
    SIRVIOOOO!

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