Tunis El Fayoum

Como siempre vuelvo a los mismos países, durante años he tenido una tradición, en cada viaje debía visitar un lugar nuevo, esto me ha hecho ir conociendo rincones que normalmente un turista no llega a visitar por falta de tiempo.
A veces ha sido algo importante, otras veces un pequeño museo o mezquita que pasa desapercibida en las rutas normales.

Lamentablemente he estado varios años sin cumplir esa tradición, después de la primavera arabe, hasta que el país se ha vuelto a estabilizar no era tan seguro ir por ahí, y más estando sola.

Pero estoy contenta de poder retomar esa tradición.
En estos viajes no me queda tanto tiempo libre, así que siempre procuro sacar una tarde o un día completo para poder descubrir un nuevo lugar. A veces me he llegado a escapar dos o tres días alargando un poco el viaje.

Esta vez me fui a pasar el día a una pequeña aldea en el oasis de El Fayoum llamada Tunis, al lado del lago Qarun.
El oasis está solo a dos horas en coche de El Cairo, así que perfecto para un viaje de un día.

Además tenía compañía!!! Fui con mi amiga japonesa que lleva varios años aquí en Egipto.
Es mucho más divertido viajar con alguien 🙂

Pues, allá que nos fuimos bien temprano por la mañana, como dos egipcias más en los microbuses que conectan todo Egipto, no es muy cómodo, vas como una sardina en lata, no hay aire acondicionado y si el calor aprieta o te da el sol, el viaje es duro, pero por suerte todavía las temperaturas son llevaderas.

Hay que coger varios microbuses porque no hay uno directo al pueblecito, pero finalmente llegamos, el último transporte era una camioneta que en la parte de atrás habían puesto unos bancos para poder llevar a la gente.
Era gracioso, porque para parar la camioneta tienes un timbre que le suena al conductor, si no no hay manera de avisarle, y tienes que saber dónde paras!!

El pueblo es muy pequeño, básicamente una sola calle salpicada de tiendas y talleres de cerámica.

Las casas están adornadas con pinturas en las fachadas, igual que los pueblos nubios de Aswan, en muchas se cuentan cosas de la familia que vive allí, cosas importantes de las que se sienten orgullosos; como el que ha hecho la peregrinación a la Meca y tiene pintado un avión sobre la puerta…

Mi amiga me contó la historia de como empezó todo.
Una señora suiza fue a vivir allí hace años y construyó la primera escuela de cerámica del lugar; comenzó a enseñar a la gente del pueblo y poco a poco sus alumnos han abierto sus propios talleres y tiendecitas.
Además el pueblecito se ha dado a conocer, la gente comienza a visitarlo y han abierto pequeños negocios, tiendas de recuerdos, cafés, restaurantes..

Es muy interesante, porque aunque el estilo es claramente el mismo y se reconoce como cerámica de El Fayoum, cada taller se ha decantado por colores y motivos diferentes.
Vale la pena entrar en cada uno de ellos e ir descubriendo el gusto de cada artesano.

No hay mucho más que hacer allí, lo mejor es sentarte en las horas mas calurosas del día a la sombra de una palmera, en el jardín de uno de los hotelitos y dejar que el tiempo pase lánguidamente mientras tomas refrescante zumo de limón con hierbabuena.

Así que eso hicimos, pasar las horas charlando, contándonos las novedades de la vida y filosofando mientras el sol bajaba y se hacía más fácil caminar.

Comimos pollo a la brasa con mulukhiyya y arroz, uno de los platos más tradicionales de Egipto.
El pollo para empezar no está hormonado y la diferencia con los de europa es abismal, se nota que estos pollos tienen músculo, la carne es más dura y seca, pero tiene mucho más sabor.
La mulukhiyya es una planta de hojas verdes con la que se prepara una sopa con ajo, espesa, con una textura un poco babosa como la del kimbombó, así que o encanta o espanta, pero el pollo acompañado con el arroz remojado en la sopa como si fuera una salsa es una delicia para los egipcios y entusiastas extranjeros.

Cuando ya se podía caminar, recorrimos el pueblo.
No pensaba comprar cerámica, es frágil y pesa bastante, pero una vez allí es difícil resistirse, además me gusta poder comprar directamente a la persona que lo hace y son bonitos regalos.

Fuimos a la escuela original donde empezó todo, es bastante grande, allí puedes tomar un mini curso de cerámica y ver cómo trabajan los jóvenes que están aprendiendo.

Todo se hace a mano, el torno es una tabla redonda en los pies que vas empujando y haciéndolo girar conforme necesitas, puedes ver las diferentes zonas de la escuela, donde se prepara la arcilla, los hornos…
Había varias niñas haciendo vasijas y platos, cada una tiene su espacio para ello, está muy bien organizado.

Vimos como caía el sol tomando un cafelito de despedida en una terraza con vistas al lago y emprendimos viaje de vuelta en los microbuses.
Siempre hay que esperar a que esté completo, a veces se llenan rápido, otras se tarda… y nos tocó esperar una hora entera!! Más las dos horas hasta El Cairo y luego el metro hasta el hotel… llegué muerta pero contenta!!

Texto y fotos: Alejandra Weil
Mas fotos en Instagram @weilalejandra
Vídeos de los viajes en las historias de Instagram de @alardedanza

4 comentarios de “Tunis El Fayoum

  1. Alfonso dice:

    Que interesante este viaje y que bien lo cuentas y describes. Es como estar alli sentado en la camioneta tocando el timbre de aviso de parada.
    Igualito que los autobuses en Madrid.
    Gracias por tus relatos.
    Es como vivir una aventura en directo.

  2. Alberto dice:

    Me encantan tus fotos y esos sitios tan especiales lejos de los lugares típicos del turismo. Yo he estado en Egipto, pero todo esto es nuevo para mi. Deseando estoy de leer el próximo capítulo!!!

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